Violet (2021), Justine Bateman

Violet (2021), Justine Bateman

LOS DEMONIOS PERSONALES

 

 

La película muestra a una Violet frágil, que parece ser sometida a maltrato por cualquiera. No tanto porque todos la maltraten, cuanto porque ella se muestra tan insegura que todo le resulta amenazador.  

 

 

Violet escucha una voz en su cabeza que le dice lo que debe hacer. Literalmente. Es una voz de hombre, es decir, una voz ajena, que le advierte de que lo que su cabeza (ella misma, esta vez) le pide está mal, casi como si supiera lo que piensa. Aquello que quizá ella misma no sabe que “piensa” conscientemente. Ambas voces se corresponderán, obviamente, con partes de la propia Violet.

Violet quiere complacer a la voz que la censura. Y mientras la vemos debatirse entre lo que parece su deseo y lo que le dicta la voz, podemos leer textos proyectados en la pantalla que parecen escritos por ella, tal como podrían leerse en un diario íntimo, como obedeciendo a otra parte de sí misma, diferente de las otras dos. Estas palabras representarían también a sus deseos, aquellos, quizá, que Violet no se atreve a realizar, que sí están en su consciencia.

Estas tres partes de Violet se podrían corresponder con las tres instancias psíquicas psicoanalíticas, el yo, el ello y el superyó.

 

¿Por qué la voz que la coarta es masculina? No sabemos si esa voz se corresponde con la del principal hombre de su vida, a la manera de un superyó paterno, terrible en este caso. Nada lo aclara, pues de su padre poco sabemos, salvo por un comentario que hace Violet muy de pasada cuando tiene una discusión con su hermano. Un comentario positivo, por otro lado, que no describiría a un hombre castrador como el de su cabeza. Quizá tal aclaración sea innecesaria. El superyó es un constructo propio, relacionado con las figuras de los padres, pero no literalmente. Es más bien una construcción, cuya forma final puede obedecer a variadas fantasías infantiles que se mezclan con la realidad.

 

La película no habla demasiado de las relaciones sentimentales de Violet. Sí que hay una escena en la que su ex la grita (en otra escena es su hermano el que lo hace), pero nada apunta a que debamos interpretar la escena como muestra de que Violet ha sufrido maltrato masculino. 

Más bien lo que la película muestra es que Violet es frágil, y se ve sometida a maltrato por cualquiera. No pretendo decir que todos la maltraten, pues no es eso lo que yo veo. Es que ella es tan insegura que todo le resulta amenazador.  

La que sí nos es mostrada muy negativamente es su madre, breve pero significativamente, como si fuera la gran maltratadora de su vida, quizá el origen de sus problemas. Aquí tenemos un dato implícito del padre: éste habría sido incapaz de defender a su hija de la madre. 

 

Por esta falta de claridad y de aparente confusión no puedo valorar más una película que, de todas formas, me ha emocionado profundamente. ¿Por qué? Quizá porque la directora, que orquesta un espectáculo muy vistoso y emocionante, y Olivia Munn, que está perfecta en su fragilidad, consiguen atraparnos en esta historia de angustia y de miedo a la vida que, por fortuna para nosotros, va por los cauces adecuados para finalmente hacernos tener esperanzas en la especie humana. O sea, en este caso, en la capacidad del individuo para superar sus limitaciones y sus miedos. 

Al final, parece que Violet ha conseguido fortalecer su posición, pisar terreno firme. No es casual que esto ocurra cuando aparece en su vida una persona diferente, honestamente interesada en ella, y que parece capaz de preocuparse, de cuidarla. Justo lo que parece que sus padres no supieron hacer.

 

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