Uno de nosotros (2020), Thomas Bezucha

LA BUENA "MADRE"

 

 

Casi parece que, por el signo de los tiempos, hay que anular al padre (a la función paterna), quitárselo de en medio, para darle protagonismo a la madre. Pero la madre sin el padre no es lo mismo. El padre es fundamental, para el hijo. Esto es lo que parece olvidar el feminismo de nuestros días.

 

 

En estos tiempos en que el feminismo se ha vuelto un poco loco, en que la defensa de los derechos de las mujeres no es más que una excusa para otra cosa, aparentemente quitarse de en medio a los hombres, más exactamente a todo aquel que no piense como yo, esta película llega, como agua de mayo, para reivindicar la que es, en mi opinión, la verdadera importancia de la mujer, su auténtico lugar de privilegio y responsabilidad en el mundo: su responsabilidad en el cuidado de la infancia.

 

Cuando su hijo muere, y su nuera queda en una clara posición de desamparo, lo cual afectará a su nieto, la madre y abuela interpretada por Diane Lane tiene muy claro lo que debe hacer. A ella le corresponde ayudarles. 

Hay algo de egoísta en su postura, como podemos ver. Ella quiere conservar a su hijo muerto en su nieto. La película muestra el hecho abiertamente. Incide incluso en el tema de la "locura" materna. Tanto esta como la otra madre fuerte de esta historia, la otra "abuela", muestran en cierta medida el amor sin límites, loco, de una madre por su hijo. Esa misma locura que yo veo en el feminismo actual, vamos. 

La diferencia entre una y otra abuela reside, finalmente, en la posición en la que acaban colocándose. Donde la locura de una condena, como no puede ser de otro modo, a toda su familia, la sensatez de la otra salva a la suya. Esta abuela se hace cargo, de algún modo, de lo que su hijo no pudo al morir, le sustituye como "padre", allí donde la viuda no puede llegar por sí sola, con sus limitados recursos.

 

Si no me parece que esta emocionante película sea mejor es porque el desarrollo del personaje de Kevin Costner me parece flojo. Y esta flojedad condiciona al conjunto. Hacía falta un personaje coherente como contrapunto. Un “padre", en este caso. Lo pongo entre comillas porque no me refiero a lo obvio, al género masculino. Me parece que lo que hacía falta en esta película era la presencia de la función paterna encarnada por la pareja de la “madre”, o abuela, en este caso. Esta representaría esa Ley del Padre de la que habla Lacan, justo lo que pone un límite al amor de la madre cuando éste es excesivo, cuando no atiende a razones. 

La madre, sin el padre, no se basta para criar, o proteger, a un niño. Ahí está esa tremenda loca que es la otra abuela para mostrar a qué me refiero: una madre sin límites, sin la razón y el contrapunto del padre, que se convierte en una loca. Si me parece que este padre (este hombre) está mal desarrollado es porque a la hora de la verdad se muestra débil, incapaz de representar el contrapunto al que me refiero. 

Y además, esto no casa bien con el planteamiento inicial del personaje que la propia película ofrece. Él es un tipo duro, esto es claro. Su debilidad, o torpeza, en momentos críticos, no parece consecuente. No se entiende que se meta donde se acaba metiendo, siendo lo que es, un duro ex policía, tan falto de previsión. No lo justifica, desde luego, su edad. No, porque le vemos alerta, capaz, en otros momentos. 

Casi parece que, por el signo de los tiempos, haya que anularlo como padre (de nuevo, función paterna), quitárselo de en medio, para darle protagonismo a la madre. 

 

Pero, como decía, la madre sin el padre no es lo mismo. El hombre cuenta también, en la vida del niño. El padre es fundamental también, para el hijo. Esto es lo que parece olvidar el feminismo de nuestros días.

 

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