Twin Peaks (2017), David Lynch

Twin Peaks (2017), David Lynch

LOS MUNDOS DE LYNCH

 

David Lynch tiene un talento especial para manejar algo puramente cinematográfico, el tempo de la escena, el espacio dedicado e los diálogos, los silencios, las miradas de los personajes, que en conjunción con recursos como el sonido y la música, tanto como el de la imagen, genera en el espectador una tensión especial, una fascinación, incluso, por esos personajes y por todo lo que les pasa.


En pocas palabras, David Lynch es un maestro a la hora de crear las condiciones para que se produzcan la identificación y la inmersión en sus películas. Twin Peaks es un claro ejemplo de ello. No digo que sea el mejor ejemplo, pero sí que nos da lo que tan bien se le da a su director.


Luego está ese jugueteo con lo onírico que tanto le gusta y que tanto daño puede hacer, en mi opinión, al resultado final de sus obras. Lo onírico tiene algo de muy cinematográfico también, pero al final, para el espectador, tal como lo maneja Lynch, sólo es un espectáculo incomprensible, ajeno, en el sentido más amplio del término. Porque no es una cuestión de torpeza expositiva ni de limitaciones intelectuales, del director o de los espectadores. Es que los sueños son sólo de uno y de nadie más. Cuando Lynch plasma sueños, o escenas oníricas, o como se las quiera llamar, basadas en la introducción de contenidos fantásticos que huyen de los códigos imaginarios compartidos, no se le entiende. Esto, que a él probablemente no le importe, ni tiene por qué, a nosotros, por desgracia, acaba por sacarnos de sus películas. Aunque, todo sea dicho, podamos apreciar también una cierta riqueza estética en todo ello.


Aquí, concretamente, Lynch imagina un escenario que a mí me retrotrae directamente a su más fallida película, Dune. Es como si Lynch hubiera recuperado para esta serie escenarios o incluso metraje descartado de aquella. Es impresionante, sí, pero ajeno. Uno no entra del todo en la propuesta de ese mundo porque, de nuevo, no entiende ni papa. A mí me gusta entender, aún en el nivel que podríamos llamar inconsciente. Sin ese mínimo entendimiento la identificación y una verdadera, profunda, inmersión en sus películas resulta imposible.

 

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