Tierras de penumbra (1993), Richard Attenborough

Tierras de penumbra (1993), Richard Attenborough

EL MIEDO DE AMAR

 

C. S. Lewis había sido un solterón hasta que conoció a Joy Gresham, allá por los cincuenta y tantos años. Hasta ese momento se había convencido de que su vida, tal como era, era tal como debía ser. Tenía un sólido argumento a favor de esta idea: el dolor es lo que da sentido a la vida. En otras palabras, si él sufría, y suponemos que lo hacía, eso era normal. Así que, ¿por qué cuestionar las cosas, e intentar cambiarlas? 

 

Él, en mi opinión, no podía permitirse amar, y esto, que dejaba un vacío inaceptable en su vida, era lo que le hacía sufrir. Porque amar, paradójicamente, era reconocer su falta. Él, en verdad, no estaba preparado para ese reconocimiento. Su relación con el dolor era pura racionalización, esto es, el trabajo con ideas conscientes. La verdadera razón de ese dolor se hallaba en lo inconsciente: amar suponía estar en falta, relacionarse con lo que no tenía.

De ahí que, siempre en mi opinión, se dedicara tan religiosamente a responder las cartas de sus admiradores/as: ese era el único modo que conocía de establecer relaciones basadas en el deseo del otro. Relaciones que sólo el reconocimiento de su falta hacía posibles. Así, como no podía ser de otro modo, surgió el amor que le faltaba en su vida, el que le unió a su futura esposa.

 

Esta historia tan típicamente inglesa, en la línea de Lo que queda del día, por esa temática tan marcada de la represión sexual que es el eje de ambas, está contada de una forma tan sensible, tan delicada, y está tan bien llevada e interpretada por Anthony Hopkins, Debra Winger y demás actores, que uno no entiende cómo no se llevó todos los premios cuando se estrenó. Bueno, es que competía contra su hermana gemela, la mencionada unas líneas arriba, que, aunque no ganó tampoco, se lo merecía tanto como ella. Una pena. Pero que eso no nos quite el sueño, siempre podemos volver a ver la película para olvidarnos de esas pequeñeces y apreciar lo que importa, o sea, que el cine nos siga dejando estas obras maestras sobre las que volver una y otra vez.

 

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