The staircase (2022), Antonio Campos

The staircase (2022), Antonio Campos

LA FALTA INSOSTENIBLE

 

 

Michael debía serlo todo, soldado, marido, padre, alcalde. Y debía ser el mejor. La imposibilidad de conseguirlo, pues nadie podría conseguir semejante cosa, le impulsaba a mentir para evitar que esa ilusión se derrumbara.

 

 

Michael es el padre natural de dos chicos, y padre adoptivo de dos chicas, cuyos padres biológicos habían deseado que él y su mujer fueran sus tutores en caso de fallecimiento. Michael se separa de su mujer cuando conoce a Kathleen, que tiene otra hija. Entonces sus cuatro hijos y ésta última pasan a vivir con los dos. Cuando Kathleen muere en circunstancias poco claras Michael es acusado de haberla matado, y finalmente condenado por ello.

 

Michael es un hombre mentiroso, que se inventó que había ganado un Corazón Púrpura en el ejército con el fin de ganar puntos para ser elegido alcalde de su ciudad. Es por esta característica personal tan notoria, y quizá por la labor de crítica pública que hace de las autoridades desde su columna en un periódico, que su procesamiento y condena han resultado condicionados y adulterados fatalmente. Nunca se pudo probar fehacientemente su culpabilidad, a pesar de lo cual fue condenado a cadena perpetua. Algo incorrecto pudo ocurrir en su enjuiciamiento, ya fuera por la influencia de la percepción (parcial) que se tenía de él, o por la inquina de aquellas autoridades que debían procesarle en que habían desembocado sus opiniones tan públicas.

 

Las mentiras de Michael habían tenido un pésimo efecto en la percepción que los otros tenían de él. El jurado que debía juzgarlo le había visto como alguien de quien, lógicamente, no podía fiarse. El personaje, sin embargo, debía de ser más complejo de lo que ese defecto tan ruidoso podía mostrar. A fin de cuentas, otra de las características que lo definía llamativamente era la de haber reunido en torno a sí una gran familia de un modo muy significativo: además de haber acogido a sus hijos biológicos, que vivían con él y no con su madre, había hecho lo propio con los hijos adoptivos de ambos. Alguna fiabilidad debía de poseer, como padre. Esto también es lógico de pensar. ¿Quién era, pues, este hombre? ¿Qué decían de él sus mentiras y su rol de padre (de entre todos sus rasgos definitorios dos muy llamativos)? ¿Qué más había tras esa fachada, a todas luces insuficientemente informativa para conocerle?

 

Las mentiras, como todo síntoma, están al servicio de la salud mental tanto como en su contra. Son, en términos psicoanalíticos, un mecanismo defensivo, entre muchos otros al servicio de la protección del psiquismo. El perjuicio que suponen es de lo más evidente para los otros, pues son ellos los que sufren todo lo malo de sus efectos. Las mentiras, normalmente, benefician sólo al mentiroso (digo normalmente pues existen aquellas mentiras a las que llamamos piadosas, que, en el fondo, son positivas para el otro, o así se las piensa cuando se las usa). ¿En qué benefician al individuo, pues, las mentiras? La respuesta no es simple. 

 

Para empezar, es fácil de ver que el individuo es muy capaz de ocultarse cosas también a sí mismo. Lo hace constantemente. Es que el individuo (su psiquismo) está dividido. Por decirlo simplemente, es una parte de él la que le oculta esas cosas a la otra. Es un funcionamiento normal básico, éste. ¿Y qué tipo de cosas le oculta? Si tomamos a Michael como ejemplo de esta conducta lo descubriremos. 

 

Vemos en repetidas ocasiones como Michael se niega a aceptar las críticas de su mujer, referidas a hechos que él parece no ver, ¿quizá ocultándoselos a sí mismo? Es que se trata de hechos objetivos, cuya importancia depende, sin embargo, de una valoración subjetiva. Es la valoración de su mujer, que él no comparte. Pero es claro el contenido de sentido común de lo que ella piensa. La suya es una valoración asentada en el sentido común, esto es, en una percepción de la realidad definida por la “normalidad”. Lo normal es lo que se ajusta a unas normas compartidas. En este caso, lo sería sostener que ningún miembro de la pareja debería desentenderse de ciertas obligaciones, o el otro se resentiría, hasta incluso enfermar, si la tendencia fuera muy marcada o se prolongara en exceso, como así vemos que ocurre. Kathleen se ocupa prácticamente de todas las obligaciones cotidianas de su hogar, además de desarrollar su profesión. Michael, en cambio, se dedica básicamente a sí mismo. Está tan ensimismado, en verdad, que incluso cuando intenta ayudar, lo hace sólo muy limitadamente. Así lo vemos en relación con su función parental, donde muestra una paciencia prácticamente nula para relacionarse con sus hijos. Es lo que en psicoanálisis se llamaría posición narcisista, donde destacaría el interés del individuo dirigido a sí mismo (“individuo” que estaría próximo a desaparecer, en esta posición, pues, sin el otro, ¿qué individualidad existiría?).

 

El individuo, entonces, tiende a ocultarse cosas. Michael es un caso patológico de “ocultador”, pues su vida se ve claramente perjudicada por una tendencia que es compulsiva, automática. Pero eso no quita para que también encuentre un beneficio, llamémoslo primario, en su conducta. ¿En qué consistiría este beneficio? Veamos. En la discusión más acalorada con Kathleen, Michael defiende su valía ante la crítica de ella. Su valía como pareja, como padre y como soldado. Resulta evidente que lo que él considera valioso, para Kathleen no debe de serlo. Es que esta diferencia de pareceres es una cuestión de subjetividad, donde la objetividad, que la hay, es secundaria. Una pareja debe acercar posiciones si pretende conservarse con vida, sin importar, a veces, quien tenga razón. Otro asunto sería que lo que Kathleen demanda sea razonable o no. Claramente lo es, pero ante la incapacidad de Michael para concederle sus demandas, ella ha preferido, históricamente, retirarlas. Y algo no ha funcionado bien cuando este equilibrio se revela finalmente precario, cuando una de las partes (Kathleen) se ve incapaz de sostenerlo, y la otra (Michael) de cambiar de parecer para acercar posiciones. Es evidente que el eslabón débil es Michael: es demasiado rígido. Demasiado narcisista, en términos psicoanalíticos.

 

Ceder, en su caso, quizá equivalga a reconocer los ocultamientos y, sobre todo, a contactar con lo ocultado. Esto es, con las carencias que Kathleen le critica. La dificultad para hacerlo tendrá que ver con el gran, insoportable malestar debido a esas carencias. Michael no es un buen compañero, pues no puede darle a Kathleen lo que esta le pide, una mayor implicación en las responsabilidades que comparten. Por lo que se nos muestra, tampoco es buen padre. Está demasiado preocupado por sí mismo, y sus hijos no reciben de él la ayuda que le demandan. Él no está disponible para ellos, cuando le reclaman atención. Y lo más probable, dado este modo de relacionarse con los otros, es que tampoco fuera un buen compañero como soldado. A las tres críticas de Kathleen responde Michael defendiéndose, y nosotros nos vemos asaltados por la sensación de que es como un niño que no puede aceptar lo que no le gusta (de sí mismo). No es de extrañar, dado este panorama, que Michael invente cosas, como sus méritos militares: con esa mentira se estaría protegiendo a sí mismo de la verdad, de su falta. Otras mentiras, como las que negaban sus infidelidades, tendrían un sentido parecido. Él no podría reconocer su incapacidad como pareja, o como padre. Incapacidad para el compromiso, en todos los casos. Todos estos reconocimientos serían vividos como faltas imposibles de asumir. ¿Por qué “faltas”? O mejor planteado así: ¿por qué debería él ser todas esas cosas?, ¿por qué no ser otra cosa, menos “ambiciosa”, y librarse así de tanta frustración tan mal resuelta?

 

El narcisismo, dice Freud, es una herencia de los padres. El individuo se ve a sí mismo como sus padres le vieron, por decirlo así. Éste no puede evitar ser lo que sus padres “quisieron”. El entrecomillado es porque ese querer es inconsciente, quizá nunca se dijo, pero de algún modo se transmitió, al hijo. Michael fue soldado como su padre, por ejemplo. Quiso ser el mejor soldado, de esos que ganaban un Corazón Púrpura. ¿Qué otras cosas intentó ser? Sus mentiras, y los ocultamientos, nos dicen que también pretendía ser lo que su mujer le señalaba que no era: buen marido, buen padre. ¿Era a ella a quien intentaba tan torpemente satisfacer? La teoría psicoanalítica dice que el autoconcepto está siempre vinculado a (la fantasía de) los padres, que está construido en base a sus deseos, dicho de otro modo. A ellos, no a su mujer, ni en última instancia a sí mismo, es a quien Michael intentaba satisfacer, desde esta perspectiva. 

 

Es habitual que nos ocultemos algunas cosas dolorosas, pues. Es una tendencia debida a la dificultad para soportar la falta, es decir, aquello que no somos, relacionado inconscientemente con el deseo de nuestros padres, siguiendo a Freud. Pero no todos mentimos como Michael. ¿Por qué? Es porque no nos vemos en la “obligación" de hacerlo. Si es cierto que los padres tienen un ascendente tan determinante sobre (los deseos de) los hijos, también lo debe de ser que ellos pueden poner límites a su influencia sobre sus hijos. Si los ponen, se relaja el deseo de los hijos de satisfacerles. Freud explica que el hijo quiere ser como el padre, pero que no debe ser él, esto es, ocupar su lugar. Se refiere a que debe haber un límite, de modo que el hijo sepa quién es él y quiénes los otros. Cuál es su lugar, en definitiva. En resumidas cuentas, esto significaría que el hijo nunca debería ser otra cosa que él mismo, no lo que los otros (padres) quisieran que fuera. Este corte, límite a los deseos de los padres, debió de faltar en la infancia de Michael, el cual no pudo sustraerse del deseo (ilimitado) de sus padres. Él debía serlo “todo” (el mejor soldado, por ejemplo), pero como esto nunca es posible, sólo la mentira compulsiva mantenía viva la ilusión de serlo.

 

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