The quiet girl (2022), Colm Bairéad

The quiet girl (2022), Colm Bairéad

El milagro de la vida humana 

 

 

Con sus desconocidos parientes Cait descubre lo que significa ser vista y, sobre todo, ser atendida. Entonces ocurre el milagro, se revela una persona oculta, que esperaba la oportunidad de mostrarse, esto es, de existir.

 

 

Cait debe pasar el verano con unos parientes mientras nace su hermano. Es una niña de unos ocho años que se muestra encerrada en sí misma y poco comunicativa. Sus padres apenas parecen notarla. Sólo su costumbre de hacerse pis en la cama o de desaparecer los convoca a intervenir, a hacerse padres, esto es. Ella parece insegura, como si temiera las consecuencias de hacer o decir algo inadecuado. Casi como si temiera ser ella misma, existir, en suma. Con sus desconocidos parientes Cait descubre lo que significa ser vista y, sobre todo, ser atendida. Entonces ocurre el milagro, se revela una persona oculta, que esperaba la oportunidad de mostrarse. 

 

El milagro es que Cait viva realmente como la niña que es, dado el entorno en el que ha nacido. Lo que la película muestra es que esto, a veces, es imposible. Quizás ocurra a menudo, en el seno de las familias. Ser padre no capacita automáticamente para ocuparse de un hijo, como se ve. No, si la paternidad es algo más que alimentar a una cría humana, no, si ser esa cría es algo más que una cuestión de supervivencia, en sentido biológico. Cait está muy viva, pero, ¿qué es, desde la perspectiva adoptada por la película, perspectiva psicológica, una vida humana? Hay que observar el cambio de Cait, el milagro, para entender de qué estamos hablando, para dar una respuesta. 

 

Cait es un animalito temeroso, cuando la conocemos. Nos conmueve su fragilidad de cachorrito. Tememos por ella, y se nos rompe el corazón cuando vemos como unos padres se deshacen de su hija. A su nueva casa, sin embargo, entra con buen pie. Su nueva “madre” está pendiente de ella, en numerosos detalles. La diferencia de este modo de paternidad es radical, tanto, que los efectos no tardan en manifestarse, en el comportamiento de Cait. Pronto desaparece su problema nocturno. ¿Acaso hacerse pis era su modo de llamar la atención? Porque, dado el desapego de sus padres, hablar habría sido impensable para esta niña… de haber sabido como hacerlo. ¿Qué decirle a quien no escucha? ¿Cómo transmitirle el dolor, la soledad, el desamparo propios? Cuando las palabras no salen, es el cuerpo el que habla. El pis es un mensaje. Es éste un modo de comunicación inconsciente. No es muy efectivo, si de lo que se trata es de comunicar un mensaje concreto. Es primitivo, infantil. Los padres no siempre comprenden este lenguaje. Los de Cait son, en el fondo, tan mudos como ella, tan incapaces de comunicar como ella. Por eso no entienden lo que vive su hija, ni cómo deben criarla. 

 

Todo, en las relaciones humanas, tiene que ver con la comunicación. Es fácil ver que los esfuerzos de la nueva madre tienen una gran parte de responsabilidad en la vuelta a la vida de Cait. En su nacimiento, casi podríamos decir, pues antes, como decía, no era sino un animalito. No era, quiero decir, un verdadero ser humano (ver la reseña de Blade Runner para entender a qué me refiero). Esta madre adoptiva se esfuerza por cuidar de Cait de un modo especial, que debía de ser lo que a la niña le hacía falta, pues su cambio, o nacimiento a la vida humana, es algo a lo que, como veremos en el final de la película, ella se agarra. Hay un esfuerzo por entender en qué puede serle útil, qué más puede hacer por ella, que transmite implícitamente un mensaje a la niña. Un mensaje de interés, de amor (de deseo en definitiva). El esfuerzo es consistente, y esto para la hija representa la idea de que hay una vía abierta que la conduce a la madre, y por extensión al mundo, a través de la cual ella podrá comunicarse con su madre y con otros.

 

Estos padres adoptivos han perdido a su hijo biológico. Ahora desean acoger a Cait. Para el padre es más difícil el duelo, pero cuando lo afronta consigue conectar con Cait, con su paternidad. Son padres que quieren ocuparse de sus hijos, que conocen la responsabilidad  y entienden la complejidad de la tarea, tal como lo he descrito. Están, decimos en psicoanálisis, correctamente atravesados por la Lay del Padre. Esto es, se relacionan adecuadamente con los límites. Tener un hijo limita, se podría decir. Siempre que se esté dispuesto a asumirlo. Los padres de Cait eran malos padres porque se comportaban como si ella no existiera, y si la notaban era porque (y cuando) les molestaba. Ellos no toleraban que ella les limitara. Tener hijos para ellos era no poder hacer lo mismo que hacían antes de tenerlos, en el fondo, y evidentemente no estaban dispuestos a renunciar a ese modo de vida. Seguramente no podían, porque no habían aprendido a relacionarse con los límites, ni otras cosas necesarias para ser padres, de sus propios padres. Si no entendían las necesidades de sus hijos es porque no entendían las suyas propias (como hijos). Como decía arriba, entender implica comunicarse con el otro, con el que sabe, con los padres.

 

La infancia del niño humano empieza cuando éste es percibido por el otro como tal, no cuando nace, en términos psicológicos. En el nacimiento no hay un reconocimiento automático del hijo. ¿Acaso se puede decir que Cait ha sido realmente reconocida por sus padres? Ella no era para ellos otra cosa que un estorbo, como lo puede ser un trasto inservible. Estaba más cerca de ser percibida como una cosa que como una persona, si queremos decirlo con todas las letras. Su infancia es lo que ocurre cuando emerge su deseo, cuando Cait hace cosas. Cuando ayuda a su tío a limpiar, cuando pregunta, y, sobre todo, cuando corre y se divierte. Y esto no ocurre hasta que realmente unos buenos padres se ocupan de ella, cuando se interesan por lo que ella (su cuerpo, en un principio) demanda y cuando (y si) se lo conceden puntualmente. Sólo en ese momento, cuando se siente cuidada, o sea, querida, emerge su propio deseo. El deseo de vivir. En ese momento deja de ser aquel animalito y se convierte en un ser humano.

 

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