The night of (2016), Richard Price

The night of (2016), Richard Price

LA LEY DEL PADRE

 

 

Naz parece carecer sentido común. La ley externa se le antoja opcional. Su padre es una presencia borrosa, no hay, tal como lo entiende el psicoanálisis, función paterna. Esta función la encontrará en la cárcel, donde aprenderá qué debe y qué no debe hacer.

 

 

Naz es un estudiante de origen paquistaní que sale de noche para asistir a una fiesta universitaria en Nueva York. A partir del momento mismo en que se pone en marcha empieza a tomar malas decisiones, una tras otra, hasta que es arrestado como sospechoso de asesinato. Lo que sigue es la experiencia de Naz en la cárcel, a la espera de juicio, y el intento de su abogado por probar su inocencia. 

 

La historia de Naz se explica a partir de su particular modo de tomar decisiones. De las decisiones que toma antes del fatídico momento, y de las que toma después, en la cárcel. 

En cierta medida su desarrollo hace pensar en un clásico moderno del género carcelario, Un Profeta. Hay algo de ella aquí, particularmente en el sentido del cambio que experimenta un hombre que es privado de su libertad y obligado a sobrevivir en una especie de tierra de nadie donde la ley no se aplica. La ley de fuera, se entiende. Porque uno sobrevive en ese entorno si ha incorporado unos códigos “legales” y ha aprendido a guiarse por ellos. Es, quizá, una metáfora de la vida humana.

 

Naz, como decía, ha tomado un montón de malas decisiones el día de la fiesta. Todas ellas basadas en una clara falta de sentido común. Tomemos, por ejemplo, el modo como pretende llegar a su fiesta, cogiendo el coche de su padre, que es un taxi, o sea, su modo de ganarse la vida. Nos preguntamos, a medida que los hechos se van sucediendo esa noche, dónde tendrá el chico la cabeza. Es un buen estudiante, tutor de otros estudiantes, al que la inteligencia no le falta. Casi podríamos pensar que lo que le pasa es que piensa con el órgano corporal equivocado. Pero estaríamos siendo injustos. Dada la confusión mental que las decisiones de Naz demuestran, con tal simplificación encontraríamos imposible entender nada.

 

A Naz lo que parece faltarle es, justamente, un código, una Ley interna adecuada para conducirse en la vida. Es difícil actuar correctamente a falta de nociones “legales”, siendo la fundamental que todo no se puede. Esto él lo aprenderá, como apuntaba arriba, en la cárcel. No pretendo decir con esto que en la vida y en la cárcel las reglas sean las mismas. Es obvio que uno no puede vivir la vida como si esta fuera una cárcel, ese lugar que yo llamaba antes una “tierra de nadie”, donde puede ser necesario matar o morir, literalmente. Fuera esto vale sólo metafóricamente. La ley de fuera (me refiero a la externa, la de la Constitución, para entendernos) es otra. A Naz claramente le faltaba ésta. Pero antes le había faltado un padre, o, como se lo entiende en psicoanálisis, la función paterna, o Ley del Padre, en términos lacanianos. Función que encuentra en la cárcel, quizá, que le enseñará lo que debe hacer y lo que no. “Tierra de alguien”, tierra de ley.

 

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