The morning show (2019), Jay Carson

The morning show (2019), Jay Carson

EL NARCISISMO DE LOS OTROS

 

 

La imagen de estas dos mujeres lo es todo para ellas. No es una imagen propia, es ajena. Es la de sus padres, que la construyeron en su fantasía antes incluso de que ellas nacieran, con la cual ellas se habrían identificado. Esos otros a los que ellas intentarían complacer sistemática, compulsivamente, siendo perfectas, serían sus padres.

 

 

Alex es la presentadora del programa de noticias matutino de una gran cadena de televisión. Está casada y tiene una hija adolescente, pero su vida gira realmente en torno a su trabajo. Al ser una persona muy popular, a Alex le resulta difícil mantener su vida privada fuera de los focos. Es milimétricamente escrutada, y se siente forzada a protegerla… incluso de sí misma. 

Bradley presenta las noticias con Alex. Es una mujer reivindicativa y tremendamente sensible a la injusticia social. Ha vivido siempre pendiente de su madre, una inmadura patológica, y de su hermano, un drogadicto. Su padre nunca contó. 

La una y la otra huyen de algo. Alex es incapaz de reconocer sus errores, sobre todo en sus relaciones. Así que huye de ellos. Es esclava de la imagen de perfección que se ha acostumbrado a proyectar. Bradley no sabe quién es. Nunca se le prestó atención, luego no pudo mirarse a sí misma (en los ojos del otro). Para ella ser mirada (y aceptada) por los que la descuidaron lo es todo. Ser ella misma iría en contra del deseo de gustarles (como ellos la ven). A ella también la coarta una determinada imagen, pues. 

Tanto Alex como Bradley viven para encajar en una imagen prefabricada. Esto es, no la que ellas han creado, sino la que otros les han impuesto. 

 

Problemática de la imagen a la que en psicoanálisis se conoce como “el narcisismo de los otros”. El individuo, dice la teoría, cuando ha sido deseado como hijo, “existe” antes de nacer. Está instalado en la mente de los padres como idea, y como imagen, y como tal es el reflejo del narcisismo de éstos. Es que la fantasía de paternidad está vinculada con lo que los padres pensaron que eran de niños, y aún querrían ser (y quizá sean, inconscientemente) de adultos. Pues de niños se pensaban importantes, centro del universo. Entonces era una creencia fantástica, que sin embargo era para ellos muy real, pues en la infancia los limites que separan la fantasía de la realidad aún están forjándose. El narcisismo es aquel lugar, en el psiquismo, donde estas ideas son reales. Donde el individuo se siente especial, como el bello Narciso, o donde, dicho de otro modo, él es todo lo que quiere ser.

 

La realidad es, por contra, la negación de esa fantasía infantil. En ella las cosas son como son, no como se querrían. Los padres han aprendido esta dura verdad antes de tener a su hijo, pues testados por la realidad habrán podido realizar en sus vidas sólo una fracción de lo que creyeron fantásticamente ser de niños. Y entonces, en la paternidad, se ven ante una ocasión propicia para volver a serlo. La paternidad es, en gran medida, la realización de aquella fantasía infantil, encarnada entonces en el hijo.

 

Los padres se conectan así, por medio (de la idea) del hijo, con sus fantasías infantiles, las más ambiciosas que nunca tendrán. Pero la realidad volverá a dictar sentencia, más pronto que tarde. Un hijo nunca llega a confirmar las fantasías paternas. ¿Cómo podría? Él, de un modo u otro, vive su vida, no importa cuanto desee (inconscientemente) complacer a sus padres. En algún grado su vida será suya, bien que en ocasiones no se note demasiado, dado el hiperpoder que a veces tienen las fantasías paternas sobre el hijo. De todos modos una relativa apropiación ocurrirá, y así la realidad alejará a los padres de la realización de sus fantasías. Y entonces el hijo sufrirá el desprecio de éstos. 

 

Alex y Bradley se esfuerzan titánicamente por mantener en pie una imagen de ese género. La primera se niega a reconocer que se acostó con su antiguo compañero de mesa, Mitch. Éste se había revelado como un hombre censurable, y Alex temía ser condenada como él, dada su íntima relación. Ella había estado con un hombre despreciable, y le había amado. ¿La hacía esto despreciable? No necesariamente, pues su experiencia de ese hombre había sido buena, aparentemente. Es decir, para ella había él sido bueno, no malo. ¿Se podría pensar que Alex había sido ciega a la “maldad” de ese hombre? O si no lo había sido, ¿que debía haberle tratado de otro modo, censurándole como los otros? Son preguntas que, no por irrelevantes, me parece que son secundarias, en la historia de Alex. La suya es la historia de la dificultad del individuo para aceptar quien es, esto es, alguien imperfecto. Si Alex no puede decir que se acostó con alguien porque a ese alguien los otros lo ven mal, es que es a esos otros a quien ella siente que debe complacer, no a a sí misma. La imagen que los otros tienen de ella tiene más importancia que la que ella pudiera tener de sí misma.

 

Bradley no puede admitir que es lesbiana, o bisexual, precisiones que me parecen irrelevantes para entender al personaje. Más importante me parece apuntar su dificultad para aceptar su deseo de alguien. O sea, para tener una relación. No, pienso, por la naturaleza de ese alguien, sino más bien porque éste represente a un otro que se introduzca en su vida, interponiéndose quizá entre ella y… ¿qué? Ella misma manifiesta abiertamente su dificultad para relacionarse. Podemos conjeturar el origen de esa dificultad. Bradley tiene una madre absorbente. A su otro hijo lo saca de rehabilitación, privándole de la oportunidad de superar su adicción, porque no quiere estar sola. La propia Bradley se ha hecho cargo de sí misma, y probablemente de su familia, porque su madre no estaba preparada para la tarea. Es justamente este tipo de padre, que está demasiado metido en sí mismo, o sea, en su narcisismo, el que tiene un hijo por las razones que he indicado arriba, esto es, para realizarse él, como quiera que sea el modo que le dicte su deseo. No, por tanto, para que sea el hijo el que se realice, apropiándose cumplidamente de su propia vida. 

 

Nos podemos imaginar a qué clase de deseo respondería este tipo de paternidad, entonces. Vulgarmente lo llamaríamos egoísta, o sea, para nada parental, si entendiéramos la paternidad como la más altruista de las empresas. Porque, ¿no es cierto que un hijo lo necesita todo del padre?, ¿que sin su total dedicación, se convertirá en un individuo menos preparado para la vida? Asumo que la perfección no existe, que no hay padre a tal nivel de adecuación. En cualquier caso, el padre narcisista que he pintado está en las antípodas de lo que lógicamente se puede entender por “buen padre”. Si a Bradley le cuesta tanto relacionarse, ¿no será porque está consagrada, por mandato materno, a otra cosa? Es que relacionarse implica tener una vida, y, en definitiva, la libertad par cultivar una imagen propia. Sería pasar del “al servicio de mi mamá” al “hago mi vida”. Lo cual, por otro lado, sería menos difícil si un hijo no se sintiera naturalmente bendecido cuando su madre le hace el centro de su universo, incluso si es de este modo tan inapropiado. El problema radicaría, en parte, en la resistencia de ese hijo a abandonar un lugar tan “privilegiado”. Es el sentido del dicho “Como en casa en ningún lado”. Cualquiera que intentara penetrar en la vida de un individuo criado así se estaría interponiendo entre éste y esa casa, o sea, su mamá.

 

La imagen de estas dos mujeres lo es todo para ellas. No es, como decía, una imagen propia, sino ajena. Es la de sus padres, que la construyeron en sus cabezas antes incluso de que ellas nacieran, con la cual ellas se habrían identificado, en términos psicoanalíticos. Esos otros a los que ellas intentarían complacer sistemática, compulsivamente, serían sus padres. ¿De dónde, si no, provendría el culto de una imagen que se opone, tanto en un caso como en el otro, tan claramente, a la realización de su deseo? 

Así, Alex no puede acostarse con quien le dé la gana, libremente. Ni siquiera si, como en su caso, es alguien a quien ama. Si se tratara de alguien fallido, como Mitch, sería otro asunto, secundario, para mí. 

Bradley, por su parte, no puede vincularse realmente con nadie, a pesar de que su deseo de hacerlo sea evidente, como cuando conoce a Laura. 

En ambos casos, se les impone el deseo de otros, que abstractamente desean que se muestren de otro modo. Digo abstractamente porque para ellas esta idea de que la imagen que cultivan les es impuesta desde fuera no debe de ser notoria, consciente. Ellas se habrían apropiado de esa imagen de pequeñas, por identificación, pues como decía, ya existiría en las cabezas de sus amados padres antes incluso de nacer, y estos se las habrían “vendido” de modo que no pudieran rechazarlas, quizá colocándolas a ambas en ese lugar de “privilegio” en sus vidas a cambio de comprarlas. Carísimo privilegio ese, que se habría cobrado el precio de sus propias vidas.

 

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