Somewhere boy (2022), Alexandra Brodski

Somewhere boy (2022), Alexandra Brodski

EL ADVENIMIENTO DE UNO MISMO

 

 

Hasta que el “yo” no hace acto de presencia, el individuo es sólo una manifestación del deseo de sus padres. En este escenario se encuentra Danny, el protagonista de esta historia, al que su padre pretende impedir que tome conciencia de sí mismo.

 

 

Un hombre se ha escondido del mundo tras perder a su mujer. Vive aislado en el campo, con su hijo. Le ha hecho creer que ese mundo está lleno de monstruos, de los que él le protege manteniéndole encerrado en su casa. Algunos días los pasa metido en la cama, mientras su hijo se esfuerza por ocuparse de todo. Otros, sale en busca de comida, dejándole con sus fantasías sobre lo que habrá en el exterior. El resto, son sólo él y su padre. La vida del uno gira en torno de la del otro. Cuando cumple dieciocho años, Danny siente el deseo de salir de casa, y su padre ya no puede retenerle. La tía de Danny se hace cargo de él, llevándoselo a vivir con su familia. Allí conoce a Aaron, su primo. Su padre les abandonó, y ahora Aaron no tiene contacto con él. La llegada de Danny le cambia la vida. En parte, la siente como un desplazamiento. Por ese motivo le pide a su padre que le acoja en su casa, pero éste se limita a decirle que su nueva familia no le quiere allí. 

No contaré más, porque tampoco hace falta para hacerse una idea lo que esta miniserie trata de representar.

 

Es posible imaginarse una vida que se parezca al lugar tan amenazador que este padre le describe a su hijo, en la que se vean monstruos por todas partes. Donde sea imposible tener un momento de tranquilidad, porque los peligros no cesen. La infancia se parece un poco a estos escenarios, a veces. A los niños no les gusta la oscuridad, esto es sabido. Se imaginan terribles monstruos listos para comérselos, o quién sabe para qué más, ocultos ahí, donde no se les puede ver. Pero ellos “saben” que están ahí. Como el padre de Danny. 

No importa que en la serie, estrictamente hablando, éste no sea el caso (pues sabemos que él no piensa así, conscientemente, que sólo lo ha inventado para su hijo). No importa porque, en la práctica, vive como si lo creyera, esto es, recluido y temeroso del afuera, de que las cosas cambien, o sea, del otro, de lo diferente. Sería una “creencia” inconsciente, desde el punto de vista del psicoanálisis. Más que nada, el temor de que su hijo le abandone, el temor de la pérdida. En términos psicoanalíticos, el atravesamiento por la Ley del Padre, que confronta con el límite. También los niños temen que las cosas cambien, en su caso que sus mamás apaguen la luz y ya no estén ahí como ellos quieren.

 

¿De dónde vienen esos miedos infantiles? Quizá entenderlo nos brinde algo de luz sobre el comportamiento enfermizo de ese hombre tan asustado. Freud dice que los niños temen que al apagarse la luz su mamá les abandone, pues en la oscuridad desaparece. Y poco importa que sepan que esto no es cierto, que a lo mejor está en la habitación de al lado. Es que no son capaces de renunciar a ella, por lo que no quieren dejar de verla. La oscuridad interrumpe la relación entre ellos y su mamá. 

No es cualquier relación, ésta entre la madre y el hijo. Es más, se podría decir que no es propiamente una “relación”, sino un eco de la fusión entre ambos, previo a cualquier tipo de relación. Un eco de ese momento que podríamos identificar con un lugar, el paraíso mítico, donde todo es posible y nada le es negado al niño (sobre todo en su imaginación). Es el paraíso materno, origen imaginario de todos los demás paraísos. 

 

Algunas personas viven en un lugar así, todas sus vidas. Los psicóticos no abandonan el lugar de fusión que he mencionado arriba. No han sido atravesados por la Ley. O castrados, en términos freudianos. Podríamos decir que no dejan de ser bebés, en ese sentido. El padre de Danny se agarra a él de un modo parecido a como los bebés se agarran a sus mamás. Ni siquiera cuando entra en la mayoría de edad se resigna a separarse de él. Ni puede permitirle vivir su vida. No puede, en verdad, entender que Danny tenga derecho a una vida propia. No es para él un “ser humano” con derechos, podríamos decir, con un yo independiente diferente del suyo. Es más bien como si fuera una “cosa” que debe complacerle a él. Cuando éste descubre que su padre le ha estado mintiendo, y la ilusión infantil se desvanece del todo, se rebela, y encuentra en su oposición una respuesta lógica, acorde con la idea de que no tiene esos derechos, de que no “existe” propiamente, para su padre. Para éste, matarle sería la única forma de sostener su ilusión de que todo gira (y seguirá girando hasta el final) en torno de sí mismo. Se trataría de hacerle desaparecer, como hacen los niños con lo que no quieren.

 

Danny, a diferencia de su padre, se vuelca en el exterior. No vive en la misma ilusión de completud, ilusión que define a la infancia. Es como si hubiera entendido que está en falta, y aprendido que hay algo más allá de sí mismo que puede corregir esa falta. Tal es el efecto de la separación del bebé de su mamá, tras el corte ejercido por la función paterna. Es obvio que le cuesta relacionarse con los otros, porque no tiene ese mínimo sentido común que es necesario para ello, pero se ve que tiene el deseo. 

 

Su primo Aaron también tiene dificultades para relacionarse con los otros. Su padre no muestra interés por él, y su madre no ha sido capaz de compensar esa falta, debido a sus propias carencias. Tampoco una madre puede hacerlo todo. La función del padre es justamente separarla del hijo y establecerse como su Ideal (ver Shiva baby), desde la relación que les une. Es difícil para la madre estar a la vez próxima y lejana (separada). Pero eso no significa que no sea importante en el proceso de separación, o sea, que no juegue un papel en él. Ella introduce en ese proceso al otro para que haga lo que ella no puede. En este caso, como se ve, no escogió bien, pues ese otro no estaba interesado en jugar ese papel. 

 

Si hace falta un corte entre madre e hijo es porque la separación no se produce espontáneamente, y sólo un padre que atraiga la atención de su hijo, esto es, que le seduzca, puede alejarle lo suficiente de la madre como para ocupar el lugar del que hay que desplazarla a ella. Desde ahí, ofrecerá al hijo un espejo en el que reflejarse y diferenciarse de la madre, para ser él mismo. En palabras de Freud, “donde ello era, yo debo advenir”, esto es, donde la mente del hijo esté “colonizada” por la de la madre, la del niño deberá abrirse paso expulsando en cierta medida a la “invasora”. Para ser más exactos, esa colonización sería la de ambos padres, que como es lógico al principio, son las únicas mentes pensantes en la experiencia del hijo. En la teoría psicoanalítica, el “ello” es una instancia psíquica que debe su existencia al deseo de los padres. Esto es, dado que son ellos los que tienen el deseo de que el hijo exista, antes de que él mismo pueda tenerlo, se puede decir que el ello son ellos. La mente del hijo (su “yo”, otra de las tres instancias psíquicas), como dice Freud, tiene la tarea de advenir. Pero sólo lo hará si se darán unas condiciones facilitadoras (todo este proceso se conoce en psicoanálisis como desidentificación -con los padres). 

 

Aaron carece de una buena figura paterna, pues su padre no ejerce su función. Quizá por eso le cuesta aceptar a Danny. Está demasiado pegado a su madre, y Danny le roba ese lugar. Es ese tipo de escenario donde, dada la falta de espacio, es difícil que entre en juego la mente del hijo. No hay espacio mental, entre el hijo y la madre.

Pero hay un proceso en esa relación. Poco a poco Aaron aprende a relacionarse con Danny. Éste se va convirtiendo en ese otro “paterno” que le hacía falta para soltarse. No es su padre, pero sí es alguien en quien mirarse. Aaron no ha experimentado antes ese tipo de vínculo de confianza con nadie, por lo que, como decía, le cuesta entrar en su dinámica. Al principio desprecia a su primo. Le desprecia cuando “invade” su habitación, y también cuando pretende compartir a sus amigos. Aaron maltrata a Danny, al principio, defendiendo lo que él entiende que es suyo, porque se siente desplazado. No es capaz de apreciar lo otro que Danny le puede aportar. Es un proceso similar al de la entrada en juego de un padre entre un hijo y su madre (esto es, el complejo de Edipo), sólo que agravado por la edad de Aaron. Lo que debería haber sido un proceso natural, se ha convertido en este caso en un problema. No es, de todos modos, un problema insalvable, como muestra la serie.

 

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