Severance (2022), Dan Erickson

Severance (2022), Dan Erickson

EL ATRAVESAMIENTO POR LA LEY

 

 

Mark busca a la vez volver a la fusión con la madre, paraíso en el que nada le faltaba, y separarse de ella, pues sólo así podrá conquistar la existencia como individuo. El nuevo trabajo representa el paraíso perdido, pero allí Mark es sometido al abuso, o sea, a la voluntad sin límites de la madre fusional anhelada, escenario en el que desaparece como individuo.

 

 

Mark ha sufrido una terrible pérdida personal, y no quiere vivir con ese dolor, por lo que se somete a un tratamiento que durante ocho horas al día, las que pasa en el trabajo, le hace desconectar de su vida. Literalmente. Esto quiere decir que en el trabajo Mark vive como si no existiera otra cosa. No siente el dolor de aquella pérdida, porque las experiencias del exterior han quedado olvidadas. No sabe qué hace al salir, porque al volver a entrar no lo recuerda. No sabe nada del exterior, tampoco lo relacionado con su historia. En este sentido, es como si sólo existiera en su trabajo. 

 

Ante dicha premisa, me pregunto: ¿cuál es el alivio de Mark, si estando fuera olvida el tiempo que pasa en el trabajo? En realidad, es como si no hubiera existido ese tiempo, luego la sensación de alivio debería desaparecer también. Y, ¿por qué desconectar sólo ocho horas, y precisamente las del trabajo? Ésta tiene su lógica. Esperará que por lo menos ahí, durante ese tiempo, se hagan cargo de él, en su nuevo estado. La primera pregunta la dejo sin responder, por ahora.

 

La segunda invita a pensar que lo que Mark desea tiene que ver con la búsqueda de ese espacio en el que estar seguro, a salvo de todo peligro, sobre todo de los relacionados con la adultez, con el momento de hacerse cargo de sí mismo, con las grandes pérdidas que ello conlleva. Es la pérdida, en el fondo, de ese lugar infantil donde nada malo puede ocurrir, en los brazos de mamá, por así decir. La empresa separadora sería, simbólicamente, esa mamá. 

 

Supongamos, por tanto, que el alivio buscado por Mark existe, en su fantasía. Descubriremos, sin embargo, que el alivio del Mark “exterior” se convierte en la angustia del Mark “interior”. Éste vive en su lugar de trabajo la experiencia de estar en una prisión, pues nunca sale realmente, dado que olvida todo lo que ocurre fuera hasta el mismo instante en que vuelve a entrar. 

Pero cada personaje interior parece tener un modo diferente de vivir su reclusión. Se supone que la separación entre las versiones exterior e interior es neta, pero esa diferencia hace pensar que quizá no lo sea tanto. Es como si algo permaneciera, vinculando a los interiores con los exteriores. ¿Se tratará de lo que distingue a una persona de otra?, ¿su subjetividad? Claro, si no, ¿cómo podrían los interiores mostrar individualidad alguna, si fueran una tábula rasa? 

 

Y efectivamente así es. Los interiores tienen mucho que decir sobre el hecho de tener que “trabajar” ahí, recluidos, aunque hayan olvidado sus historias. Porque en realidad han olvidado datos, pero no lo más importante, su individualidad, su “yo”, en términos psicoanalíticos. Se perciben a sí mismos como personas. Dicho de otro modo, piensan que tienen el derecho de existir, o por lo menos se comportan como si lo pensaran. Existir, en términos humanos, es tener derechos. Los interiores se comportan claramente como si pensaran que tienen esos derechos. Son, a todos los efectos, individuos.

 

Mark no estuvo contento cuando empezó en “su” nuevo trabajo. No podía aceptar estar donde él no había elegido estar, para empezar. Eso lo había decidido su exterior, no él. Pero muy pronto descubrió que no tenía elección. Cada vez que se desviaba de lo que le era dictado, se le sometía a un procedimiento de corrección, una especie de lavado de cerebro. Sólo así se acabó amoldando a su nuevo puesto. 

¿Y cómo resistirse? No contaba con ningún apoyo para hacerlo. Aunque tenía una idea del exterior, de su existencia, era incapaz de llegar a él. Sus compañeros estaban en la misma situación que él. La confraternización estaba prohibida entre ellos, de hecho, se entiende que justamente para evitar que existieran esos apoyos. A todos los efectos, Mark era como un niño que no depende de sí mismo y no puede tomar decisiones, porque no se le deja.

 

Se vislumbra un conflicto en Mark entre el deseo de ser cuidado y de olvidar (las pérdidas), y el de ser independiente y de saber. Esto es, entre las ideas de indiferenciación (de fusión hijo / mamá)) y de individualidad (ser uno, diferente). Es una primera pista para entender por qué Mark se pone en manos de esa empresa, realmente: “quiere” volver a ser un niño.

 

Quizá sean estos los temas de la serie. Uno, en realidad, con sus diferentes caras. El desamparo (angustia de castración, en términos freudianos), cuando se manifiesta como desarraigo, en primer lugar. Desde esta óptica, a Mark lo observaríamos como a alguien que busca desesperadamente recuperar su lugar fusional. Es decir, a esa “mamá” de la cual el nuevo trabajo de Mark sería un sustituto, como he señalado. 

Y luego estaría ese mismo desamparo cuando cobra la forma de la indefensión infantil ante la falta de interés adulto por su subjetividad (falta de atravesamiento por la Ley del Padre, en términos lacanianos). Así, veríamos a Mark intentado pensar por sí mismo, y tomar sus propias decisiones, y siendo sistemáticamente reprimido, esto es, privado de su individualidad.

 

Mark estaba vitalmente unido a su mujer, de modo que ella se había convertido en su razón para vivir. Su falta le sumió en la angustia. Una reacción así sólo se entiende si se dan unas condiciones psicológicas de base. Yo apuntaría a que esa pérdida reveló una anterior, cuyo recuerdo había sido reprimido. Si la muerte de su mujer le hizo huir al lugar donde se le prometía la felicidad perdida, éste sólo podía representar a la mamá fusional.

Pero en la fusión hay más angustia, la pesadilla de la disolución (del yo), o sea, de la desaparición. Mark, como todo individuo, busca a la vez esa fusión y la separación, pues ésta última significa la existencia. Él la busca en el nuevo trabajo, pero no la encuentra, pues allí es sometido al abuso, o sea, a la voluntad sin límites de la madre fusional, no atravesada por la Ley. Allí se acaba sintiendo tan desamparado como fuera. 

El primer hito crítico en la historia del Mark interior es el encuentro del otro, en la persona de Helly, por la cual recupera su deseo de vivir, de rebelarse. Tan es así que buscará, cuando las condiciones sean las idóneas (lo veremos,) el modo de salir, pues al contrario que antes, ya no estará sólo, tendrá el apoyo que necesitaba para “independizarse", o sea, para sostener su individualidad ahogada (por esa madre sin límites que representa la empresa).

 

Los niños no piden nacer, menos aún si ello significa vivir “para” otros. Del mismo modo, Mark no pidió ser separado de su exterior para ser recluido, constreñido a vivir para complacer a otros, o según ideas que no fueran suyas. Su exterior le usaba para su beneficio, sus “jefes” para el suyo, y él había llegado a “creer” que era feliz allí sólo después de un sistemático proceso de lavado de cerebro. Se le había enseñado en qué pensar, en definitiva. Esto es algo que ocurre normalmente cuando los padres proyectan sus deseos en sus hijos, y pretenden realizarlos a través de ellos, inconscientemente. Sus hijos desaparecen, por decirlo de algún modo, ya que sus propios deseos no tienen cabida, al tener que realizar los de los padres. A Mark se le había hecho desaparecer así, pretendiendo que aceptara unas ideas sin cuestionarlas. Seguimos a vueltas con las ideas de la individualidad y de su falta.

 

Sólo la aparición de la Ley puede poner en crisis un sistema cerrado y endogámico como éste. Si Ley es sinónimo de límite, es dicha Ley la que puede proteger a Mark del abuso, poniéndole un límite. Es así como la voluntad del otro dejará de imponerse sobre la suya, y Mark podrá empezar a pensar por sí mismo. 

La Ley está representada en la serie por un libro, que cae “casualmente” en manos de Mark. El libro viene de fuera, o sea, es ajeno al mundo en el que está Mark (el mundo materno). Es cierto que no hay voluntad de que el libro llegue a manos de Mark, pero sí hubo el deseo de alguien de leerlo, razón por la cual está allí donde lo encuentra Mark. Este deseo es lo que le da legitimidad como “otro” interdictor, esto es, como representante de la Ley (“interdicción” es un término psicoanalítico que se refiere a la prohibición que impide a la madre seguir pegada a su hijo). En la tríada edípica (el trío formado por el hijo, la madre y el padre), es el deseo de la madre por el padre lo que le da a éste su legitimidad como Ley. Sólo así puede el padre ejercer como separador de la madre y el hijo (es propiamente la función paterna). En otras palabras, sólo así se dejan separar, la madre y el hijo. Y esto es, precisamente, lo que necesita el hijo para poder constituirse como individuo independiente. 

El libro aparece como “padre”, como objeto de deseo, en este caso, más que como “otro”. Es que el padre no tiene por qué ser alguien concreto, para ejercer ese corte. Como plantea esta serie, es suficiente que sea algo deseado, con el suficiente poder de atracción como para ejercer como sustituto temporalmente (bien es cierto que el hombre adecuado -justamente el padre deseado por la madre- aporta algo más al hijo: le seduce -se hace querer- y a la vez rivaliza con él -le transmite la idea del valor de las cosas, por lo que cuesta conseguirlas). Para acabar de desarrollar mi analogía, diría que la madre (el trabajo, la empresa) pierde por un momento su interés en el hijo (los empleados interiores) al aparecer otro objeto de deseo (el libro). Así es como el hijo logra independizarse.

La madre no tiene por qué desear conscientemente separarse de su hijo, para poder hacerlo. Sí debe existir un deseo inconsciente, al cual daría lugar la incorporación de la Ley, es decir, de los límites, a través de la educación. Lo casual en esta historia (la aparición del libro) es lo que en psicoanálisis llamaríamos “lo inconsciente”. Podríamos decir que el que dejó allí el libro lo hizo porque, inconscientemente, quería que algo cambiara, poniendo un límite. Concretamente, la “fusión” de la madre con el hijo. El que dejó el libro estaba, de algún modo, atravesado por la Ley del Padre (por la castración, en la teoría freudiana). 

 

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