Seguridad no garantizada (2012), Colin Trevorrow

Seguridad no garantizada (2012), Colin Trevorrow

PENSAMIENTO MÁGICO

 

 

El pasado siempre fue mejor, al crecer perdimos cosas, una novia, una madre, un hogar. Ilusiones, en suma. Este es el discurso de la película.

 

 

Viajar atrás en el tiempo, ¿por qué nos gusta tanto imaginar que es posible? En esta película un puñado de personajes se ven envueltos en una historia que gira en torno de esta posibilidad. Un anuncio clasificado en el periódico pide un compañero de viaje para ir al pasado, unos periodistas quieren averiguar de qué va la cosa, uno de ellos está más interesado en averiguar qué fue de su ex del instituto, y la investigación le permite volver a su ciudad natal.

 

El anuncio responde a la necesidad de un hombre de corregir un desafortunado giro del pasado. Uno de los periodistas podría conseguir lo mismo. El otro, como ya hemos dicho, tiene su propio modo de viajar al pasado. El que falta, un universitario inhibido, prácticamente detenido en la infancia, viaja casi como si fuera la primera vez que se suelta de la mano de sus papás. Ninguno de ellos, se diría, tiene ganas de vivir el presente cambiante. Todos están, de un modo u otro, anclados en el pasado.

  

El pasado siempre fue mejor, al crecer perdimos cosas, una novia, una madre, un hogar. Ilusiones, en suma. Este es, en mi opinión, el discurso de la película. El mismo, prácticamente, de Regreso al futuro. Es sobre todo el final el que conecta ambas. Cuando la ilusión de recuperar alguna de esas cosas parecía definitivamente perdida, el final feliz se encarga de reavivarla. 

 

Todos compartíamos esa misma ilusión, claro está. ¿Y por qué no vamos a encontrarla realizada en una película? Pero algo no cuadra del todo en esta, porque la trama se estaba desarrollando en otra dirección, hasta llegar a ese deseado (o temido, según se mire) final. Conscientemente o no, el autor de la película estaba hablando de la inevitabilidad de las cosas. De que las cosas pasan porque somos como somos, no como nos gustaría. Realismo puro, vamos (castración, en términos freudianos). Las cosas no se cambian mágicamente, porque así lo deseemos, viajando atrás en el tiempo. El cómo lograrlo, la vía difícil, sería el argumento de otra película. Esta sólo acaba ofreciendo la vía fácil, infantil. La de la magia. Esta, como decía, no cuadra con el planteamiento inicial de la película, como quizá sí lo hacía en el gran referente del subgénero, en el que todo realismo había sido eliminado para desarrollar una fantasía de principio a fin.

 

Creo que un final acorde con el resto del desarrollo habría convertido a la película en una muy buena película, porque ésta funciona muy bien en lo demás. Lo mejor, para mí, Aubrey Plaza y Mark Duplass. Ellos son el alma de esta historia, son los que hacen posible que nos creamos todo lo que vemos. Y el final, tomado en sí mismo, responde, como decía antes, a ese deseo general de ver que la magia es posible. Es, en ese sentido, muy satisfactorio. Si no fuera porque las expectativas creadas son otras (no ya por nosotros, sino por la propia película), y esto, el traicionar una línea dramática clara, es siempre un grave error.

 

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