Rectify (2013-2016), Ray McKinnon

Rectify (2013-2016), Ray McKinnon

EL SIGNIFICADO DE LA CULPA

 

 

En psicoanálisis hay un “más allá de los hechos”, está lo inconsciente, y éste el meollo de la historia que cuenta esta serie. Pienso que de todas las historias, en realidad. Desde esta óptica, lo importante son los significados, o la forma como cada individuo piensa unos hechos.

 

 

Daniel Holden ha pasado 19 años en el corredor de la muerte. Confesó haber violado y matado a su novia cuando era adolescente. Ahora han aparecido pruebas de que podría ser inocente. Su hermana pequeña acudió a una organización especializada en defender casos de condenas injustas. La nueva información descubierta no es suficiente para explicar el caso y exculparle, pero sí para suspender su condena y concederle la libertad, en espera de un nuevo juicio. De nuevo en el mundo, Daniel se muestra poco preparado para a vivir en él. 

 

La trama de la serie gira en torno del intento de explicación de unos truculentos hechos del pasado, mientras que su sustancia consiste en el estudio de un personaje, Daniel. Es un personaje al que cuesta entender, hasta el punto que uno le ve claramente inocente, durante gran parte del tiempo, a pesar de su confesión, y por momentos tiene serias dudas al respecto. Es que Daniel representa la inmadurez en toda su complejidad, es un individuo que casi podríamos decir que está detenido en la adolescencia, por motivos que es fácil entender. A la vez, parece dañado por cuestiones ajenas a todo el embrollo penal en el que está metido, más bien relacionadas con su educación. Los problemas de la adolescencia, sus carencias madurativas, no parecen suficiente razón para explicar las dificultades de Daniel, su rareza, por referirnos a él con una palabra que le ajusta como un guante. Los adolescentes no tienen porqué ser tan “raros" como él.

 

Freud descubrió pronto, cuando estaba desarrollando su invención, el psicoanálisis, que saber el “qué” era sólo una parte del trabajo terapéutico, y ni siquiera tan importante. Saber qué ha ocurrido para que el paciente esté enfermo, cuenta relativamente poco a la hora de ayudarle a mejorar, desde la óptica del psicoanálisis. Esta serie desarrolla la investigación de un crimen, donde el qué es mucho más relevante. Los personajes de la serie anhelan saber (o mantener oculta, según de quién hablemos) la “verdad”, los hechos. Para ellos en la verdad está la tranquilidad. Pero al igual que el psicoanálisis, la serie parece entender que hay algo más allá de esa verdad. Pienso que es por esto que enfoca su atención en torno a la figura de un individuo en principio incomprensible, incómodo para el espectador, alrededor del cual se mueven todos los otros personajes, que sufren los efectos de su relación con él, y son igualmente dignos de estudio.

 

El “más allá de los hechos” psicoanalítico, esto es, lo inconsciente, es el meollo de esta historia. Pienso que de todas las historias, en realidad. Desde esta óptica, encontramos los significados, o la forma como cada individuo piensa los hechos. En este sentido, siguiendo la trama de la serie, nos preguntamos por qué alguien se culparía de algo que no es responsabilidad suya, estrictamente hablando. Por qué Daniel admite haber cometido un crimen que quizá no cometió, en vista del resultado de la investigación, o incluso de las impresiones de sus seres queridos, si nos parece que éstas pueden ser relevantes también, para posicionarnos respecto de él. Los hechos, en un caso así, deberían ser incuestionables, pues o Daniel habrá hecho lo que se le imputa o no. Pero en este caso, al faltar testigos, el conocimiento de los hechos depende de la información proporcionada por el único sospechoso, que, en un principio, está convencido de su culpabilidad, y confiesa, y después, andando el tiempo, duda. ¿Qué lugar podría tener la duda en su cabeza, dada la admisión de culpa inicial? Si no tenemos en cuenta el factor del significado es imposible responder a esta pregunta. A menos que nos limitemos a aceptar las respuestas fáciles para explicar a Daniel, aquellas respuestas basadas en lo evidente o lo consciente, lo cual nos conduciría inevitablemente a dar por buena su confesión. 

 

Para entender a este personaje primero deberíamos preguntarnos qué significa para él ser (o sentirse) culpable de ese (o de cualquier) crimen. Daniel dice ser culpable de un crimen que quizá no es responsabilidad suya. Parecería que no piensa el hecho con claridad, como poco. Dada la información que iremos descubriendo a lo largo de la serie, entenderemos que Daniel no es una persona muy centrada. Descartaré respuestas fáciles que expliquen su comportamiento, entonces. Pienso que debemos plantearnos que para él ser “culpable” significa algo distinto de lo obvio. Lo obvio (lo consciente, en términos psicoanalíticos) sería que sólo hay una verdad posible, ligada a los hechos: Daniel violó y mató a su novia, o no lo hizo. Más allá, en lo inconsciente, esto no sería así, pues allí la “verdad" se entiende en función de leyes diferentes a las de la realidad externa, objetiva. La culpa puede estar relacionada con más de un hecho. Quiere decir que Daniel podría estar culpándose de algo diferente del crimen actual que se le imputa, de algo que sí sería responsabilidad suya, registrado en su inconsciente en el pasado, y que él podría no saber la relación que habría entre esos dos hechos diferentes y su culpa. En otras palabras, en lo inconsciente los hechos e ideas o sentimientos estarían desligados, y sería la consciencia la que los pondría en común.

 

Al contrario de lo que podría parecer, dado que en este caso su mente le estaría haciendo un flaco favor, este funcionamiento tiene su lógica y su propósito saludables. En verdad, estaría tratando de ayudarle. Para entender cómo, habría que pensar que efectivamente Daniel debió de cometer un “crimen" en el pasado, por el cual no habría sido oportunamente castigado. El castigo actual estaría subsanando ese error. El psicoanálisis habla de “sentimiento de culpa inconsciente” para referirse a una culpa de la que el individuo no tiene idea, por un crimen del que no tiene memoria (consciente). Dada su existencia, en este caso veríamos que en la penitencia actual habría un cierto grado de alivio por el crimen anterior, que aún estando oculto en la memoria, no por ello dejaría de tener efectos muy reales, en forma de ese malestar por causas desconocidas llamado culpa inconsciente. Es que la única forma de acallar la culpa es haciendo penitencia. Daniel estaría dispuesto a ir a la cárcel para sentirse mejor, pues. En la consulta, como psicoanalistas, nos preguntaríamos de qué modo Daniel había llegado a establecer esa conexión errónea, y trataríamos de ayudarle a encontrar la correcta, no sólo porque así le libraríamos de la cárcel (o al menos de su culpa ligada al crimen que no cometió y de esa culpa), sino porque entenderíamos que así quedaría un crimen sin castigo, el verdadero, y porque entendemos que sólo la conexión justa entre crimen y castigo expía satisfactoriamente la culpa.

 

Lo inconsciente, a su manera, también tiene que ver con unos hechos, pues nada en la mente viene de la nada. Tanto las ideas y sentimientos como los recuerdos allí presentes están relacionados con una realidad externa, de algún modo. En el proceso de registro, todos ellos son pasados por el filtro de las defensas del psiquismo, preocupadas por el daño que los estímulos excesivos pueden causarle. A las ideas “excesivas” Freud las califica de “inconciliables con la consciencia”. Por así decirlo, él entiende que pensar ciertas cosas es mejor evitarlo, pues puede ser imposible hacerse cargo de ellas, o sea, manejar su contenido y no dejarse abrumar por él. No hay que buscar ningún ejemplo truculento para entender a qué me refiero: cualquier enamorado, cuando es rechazado por su objeto de deseo, habrá experimentado el hecho de buscar una buena excusa para pasar por alto ese rechazo, de manera que no sea un verdadero rechazo, sino un mero no temporal: es que no podría aceptar aún esa terrible realidad. A este género de ideas inconciliables (o sea, demasiado dolorosas) se lo altera para que sea más asumible. El proceso es inconsciente, y así es como Daniel habría establecido su conexión errónea, sin darse cuenta. Suponemos que no podría asumir su crimen verdadero, y cualquier otro, en comparación, sería vivido como menos grave. 

 

¿De qué terrible crimen podríamos estar hablando?, ¿a qué penitencia le teme Daniel, peor que la “escogida” en su adolescencia? En este punto sólo podemos hacer conjeturas, pues no se nos dan datos suficientes de su pasado como para encontrar las respuestas que buscamos. A grandes rasgos, sabemos que Daniel es el primogénito de una pareja que se desintegra con la muerte de su padre. Éste fallece en un accidente de tráfico, y al parecer su madre se hecha la culpa. ¿Por qué? Su fantasía es que de no ser por algo que ella hizo, su marido no habría cogido el coche y no habría tenido el accidente. 

Con estos datos biográficos daría para plantearse lo siguiente. Como prueba del “delito”, la idea de la madre sobre la causa del accidente del marido no tendría peso, obviamente. Diríamos que era el dolor de la afligida el que hablaba, y lo despacharíamos por tanto como producto de la pérdida. A no ser que también en este caso intentáramos descifrar el sentido de la culpa que ella manifiesta, y nos volviéramos a preguntar: ¿qué significa esa culpa?, ¿a qué crimen se refiere realmente? 

Tendríamos, entonces, a un hijo y a una madre unidos por la culpa, en una relación que, esto sí lo sabemos, es especialmente cómplice. ¿Acaso podríamos pensar que lo que les une fuera una transgresión conjunta? Es que, según el psicoanálisis, no hay crimen más grave en la cultura humana que aquel que une a un hijo con su madre y provoca el desplazamiento del padre, esto es, el incesto. Si de esto se tratara aquí, no importaría que el crimen hubiera tenido lugar en la fantasía inconsciente (como suele ser), o que desde el punto de vista infantil fuera de lo más “inocente” (el hijo “sólo” quiere a su madre para él, a fin de cuentas). No si, como en este caso, la realidad hubiera facilitado, al menos en parte, la realización de ese crimen, el parricidio (si así quisiéramos mirar el accidente del padre). Así, la fantasía empezaría a cobrar vida, pues el padre ya no estaría, y no habría modo de ignorarla. A menos que se crearan nuevas fantasías culposas, buscando expiar así, tal como lo he descrito arriba, algo de la culpa original. La madre, culpable de desplazar a su marido, de algún modo, en la realidad, para vivir así más intensamente el vínculo con su hijo, expiaría su culpa asumiendo haberle matado. El hijo, por su lado, haría lo propio culpándose de otro delito, no del original, esto es, el de desear que su padre no estuviera. No estar, en la mente de un niño, es lo mismo que morir: él habría deseado que su padre muriera para estar con su madre, y le habría matado mágicamente, provocando su accidente (también el pensamiento mágico es propio de la infancia). Ningún crimen es comparable con el parricidio y el incesto, de ahí que ir a la cárcel por asesinato y violación sea preferible para Daniel. De ahí también que su madre prefiera pensar que ha “matado” a su marido por accidente, y no por deseo.

 

Sería el complejo de Edipo mail resuelto. La madre habría sido incapaz de separarse de su hijo saludablemente, para relegar esa relación a un plano secundario en beneficio de su matrimonio, o, dicho de otro modo, cuidar ambas relaciones más adecuadamente. En un caso como éste habría que pensar que el hijo había tomado una importancia excesiva, más allá de lo razonable. Esto le habría condenado a vivir en la fantasía de serlo todo para la madre, y a la vez (complementariamente)  en la certeza de merecerlo todo de ella. La culpa de ambos indica que, a pesar de lo dicho, también hay Ley, o sea, cierta relación, bien que defectuosa, con los límites. Una relación pobre quizá, confusa, que no habría impedido a la pareja formada por la madre y el hijo acerarse a la transgresión inconscientemente. Es posible que de no haber ocurrido la desgracia del padre, ni siquiera hubiera emergido la culpa como lo hizo. De todos modos, la relación que he descrito habría condicionado la vida de ambos, siendo especialmente negativa para Daniel, cuyo desarrollo social se habría visto muy dificultado. Quizá en esto se podría rastrear la rareza característica del personaje, de la que hablaba al principio.

 

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