Para toda la humanidad (2019), Ronald D. Moore

Para toda la humanidad (2019), Ronald D. Moore

HUÍDA HACIA ARRIBA

 

 

La serie nos muestra un modo de vida basado en la negación de la falta, de la pérdida, y por tanto una huida hacia adelante (o hacia arriba), revestido de promesas de heroísmo y grandeza, o de ese culto tan americano del profesionalismo, como modo de compensar, justamente, esa falta.

 

 

La carrera espacial puede ser vista como una metáfora de la huida de casa, o sea, de la búsqueda de una vida lejos del hogar, de los padres. No tanto, vista así, como una aventura y un paso en dirección a la madurez, sino como la declaración de que en casa no hay nada que merezca la pena, de que quizá se lo podrá encontrar fuera. Muy lejos, en otro mundo, quizá. Idea desoladora donde las haya. 

 

Y sin embargo a ello parecen abocados los protagonistas de esta sólida serie dramática, unos astronautas a los que nada en la Tierra parece retener. En casa, estos “aventureros” espaciales dejan familias desamparadas, hijos abandonados, condenados a vivir el mismo ciclo de alienación, de desapego hacia sus raíces, que ellos mismos probablemente experimentaron, razón por la cual "huyeron" al espacio. 

 

Claro, no es así como ellos lo verán, ni este el mensaje que la propaganda pretende venderles. La americana o la soviética, que para el caso lo mismo da. Pero en el fondo, lo que obtienen es un modo de vida basado en la negación de la falta, de la pérdida, y por tanto una huida hacia adelante, revestido de promesas de heroísmo y grandeza, o de ese culto tan americano del profesionalismo, como modo de compensar, justamente, esa falta (de todo lo demás).

 

Lo bonito de esta serie es que muestra que todo, a pesar de lo dicho, gira en torno de las relaciones, de los lazos que unen a estos seres tristes y solitarios, que, en momentos puntuales, se encuentran los unos con los otros, se demuestran que las cosas podrían ser de otro modo, el cálido reconocimiento de que ser el mejor, demostrar lo bien que hacen lo que hacen, sirve para llamar la atención del otro, para ganarse su amor. En esos momentos la serie alcanza sus más altos picos de intensidad dramática. El sobresaliente. 

 

Como ese padre interpretado por Joel Kinnaman que, en el fondo, sólo puede pensar en sí mismo, en su carrera, abandonando en gran medida a su hijo a su suerte. No es un mal hombre, es sólo un niño desamparado que ha aprendido que nadie va a ocuparse de él, que tiene que apañárselas para sobrevivir. Como deberá hacerlo su hijo ahora, debido, en gran medida, a sus actos como padre.

 

Una serie muy bien hecha, con buenos personajes, bien interpretados. Hasta Kinnaman, habitualmente soso, puede que lo peor de todo aquello en lo que trabaja, está bien aquí, en su papel.

 

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