Maestro del crimen (2017), Ric Roman Waugh

Maestro del crimen (2017), Ric Roman Waugh

VIVIR SIN ATADURAS

 

 

El protagonista huye de la castración, en términos freudianos. Del límite que señala que no todo es posible. En su acídenle podríamos ver el síntoma que daba a luz su deseo infantil de omnipotencia.

 

 

A raíz de un accidente provocado por imprudencia, con consecuencias trágicas, un hombre por lo demás bastante normal que no parece mal tipo, sino todo lo contrario, descubre en prisión su lado oscuro, y lo abraza sin reservas. Argumento que ya habíamos visto, desarrollado por otra vía, en la serie Breaking bad.

 

Nicolaj Coster Waldau se entrega con seriedad a la creación de su personaje, y la película hace un intento bastante serio de plantear una historia con sentido y sensibilidad. Poco que reprochar, hasta aquí.

 

No se puede decir, sin embargo, que la realización aporte algo de interés, más allá de no entorpecer el desarrollo de la historia que quiere contar. Un Michael Mann podría enseñarle algo al director de esta película sobre cómo se cautiva, utilizando los recursos fílmicos, además de los dramáticos, a un espectador.

 

Donde la película resulta poco convincente, de todos modos, es en el drama. Me explico. Todo está hecho, como decía, con seriedad, es decir, con la intención de hablar de algo, no sólo de vender una entrada o, en otras palabras, un producto. Pero algo no acaba de cuadrar en el planteamiento argumental. 

 

¿Un hombre renuncia a su familia para... qué? ¿Para protegerla? Esa parece la propuesta del guión. Y no carece de lógica, tal como lo señala el hijo del protagonista al reencontrarse con él tras los años de cautiverio. Para protegerla a ella y para sobrevivir él, que se verá obligado a cambiar para conseguirlo. Tanto que difícilmente pudiera entenderlo su familia, ni él lo conseguiría bajo el escrutinio de ella. Suponemos. 

 

Este planteamiento aportaría una lógica a la historia. A su salida de prisión, sin embargo, ¿cómo se justifica la decisión del protagonista de cortar lazos con su familia de forma definitiva?, ¿a qué responde realmente un paso así? O sea, ¿de qué piensa que está protegiendo a su familia en ese momento?

 

Es una pregunta que nos hacemos porque es evidente que él quiere a su hijo, cosa que sabemos no sólo porque se emociona con sus cartas, sino porque no ha parado de pensar en su bienestar en ningún momento, haciendo de padre en la distancia, ofreciéndole un ejemplo moral a su hijo con sus acciones, enseñándole a distinguir entre el bien y e mal, o mejor dicho, entre lo que es correcto y lo que no lo es. 

 

En esa tesitura, ¿a qué responde que prefiera cortar con él? ¿Acaso no sería mejor que siguiera presente en su vida? Por otro lado, ¿por qué piensa que no estar con él es lo mejor para su hijo? El hecho que crea poder enseñarle algo indica que no piensa que su influencia en él pueda ser negativa. Más bien al contrario. 

 

¿No será, entonces, que este hombre, que ciertamente quiere a su hijo, también quiere otra cosa, más incluso que a éste? ¿No será que esa cosa es la libertad de que disfruta sin su mujer y su hijo? En mi opinión sólo así se entiende que prescinda de algo que ama: sólo puede hacerlo porque hay otra cosa que ama más. La libertad de hacer, literalmente, lo que dé la gana. 

 

Este hombre huye de la castración, en términos freudianos. Del límite que señala que no todo es posible. En su acídenle podríamos ver, entonces, un síntoma que daba a luz su deseo infantil de omnipotencia.

 

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