Los chicos están bien (2010), Lisa Cholodenko

Los chicos están bien (2010), Lisa Cholodenko

HÉTERO Y HOMO PATERNIDAD

 

 

El padre (hombre) es ese otro mundo que una mujer madre excluye de la vida de su hijo cuando se insemina sin la participación del dueño del esperma, dando por sentado que el otro es irrelevante. Y no importa si el hijo sí deseará a ese otro.

 

 

Dos adolescentes deciden conocer a su padre biológico. Sus “madres” se quedaron embarazadas utilizando la donación de un hombre seleccionado a través de un perfil. El descubrimiento del padre ilusiona a los chicos. Es el otro mundo al que tienen acceso por derecho de nacimiento. A sus madres no les hace tanta gracia el asunto, se sienten amenazadas por la intrusión de ese hombre. El “otro”. 

 

El acento está puesto en la gran desilusión que supone para esos chicos descubrir que su “padre” no es de fiar. Que no es, en verdad, un buen padre. Y en la confirmación de que la familia funciona “perfectamente” sin importar el género de los padres. Así descubrimos que “los chicos están bien”, después de todo.

 

No es discutible que el hombre en cuestión fuera un mal padre, dado el retrato que se nos ofrece de él. Es que es difícil ser padre si uno no quiere (o no quiso) serlo. Quizás hubiera un cierto deseo inconsciente de paternidad en el hombre que donó esperma. No un deseo consciente, obviamente, o si no habría sido padre, es decir, habría ejercido. No era deseo suficiente, en cualquier caso, para ser padre de hecho. Y esto último, por cierto, sería sólo lo mínimo exigible para el cargo. De ahí a ser “buen” padre aún mediaría un trecho.

 

Lo que tampoco me parece discutible, y la película lo muestra, aunque también lo acaba despreciando, es el deseo de esos chicos de tener un padre. Un padre hombre que tuviera el deseo de tenerles como hijos, y dejara embarazada a su madre para ello, y compartiera con ella su crianza. Ese “otro mundo” que por derecho les habría pertenecido, y enriquecido. El mundo del otro. Ese otro que es lo que uno no puede ser. Porque todo no se puede. Porque hay límites. Es ese otro mundo al que una mujer madre no da lugar cuando se insemina sin la participación del dueño del esperma, dando por sentado que el otro, el hombre, en este caso, es irrelevante. Y no importa si el hijo sí deseará a ese otro.

 

¿Pueden ser padres dos personas del mismo sexo? Las funciones paterna y materna pueden ser desempeñadas sin importar el sexo. Entonces podríamos pensar que sí, que dos personas del mismo sexo podrían ser buenos padres. Pero no, me parece que el asunto es más complejo. No es cierto ni falso, de partida, que dos padres homosexuales puedan ser buenos padres, precisamente porque las funciones paterna y materna las puede desempeñar cualquier sexo. Además, unos padres heterosexuales no son necesariamente mejores padres que otros que no lo sean. 

 

Cabe pensar, sin embargo, que los niños nacen a partir de la participación de un hombre y una mujer en su concepción. Esto tiene su importancia. Es lo que determina que no “todo” sea posible, porque dos personas del mismo sexo no pueden, en efecto, concebir. La paternidad tiene que ver, desde esta perspectiva, con la heterosexualidad. 

 

La participación de los dos sexos en el proceso de concepción juega un papel indispensable, como es obvio. Si la ausencia de uno de los dos hace imposible la paternidad, ¿por qué debería (el deseo de) uno solo hacerla posible?, ¿por qué, justamente, debería ser “todo” posible? La pregunta cobra relevancia si queremos pensar en cómo afecta a un hijo su origen. Pensar en lo que significa para él tener un padre y una madre biológicos, no sólo funciones bien o mal representadas en su crianza. Sus padres son, en lo real, dos personas de sexo diferente que desearon concebirle. O así sería en principio. 

 

La ausencia de uno de los padres, del hombre o de la mujer que le concibieron, es relevante en la vida del hijo. Si uno de ellos no está, el hijo le echará en falta, pues el ausente, con su deseo de paternidad, es uno de los dos causantes de su llegada al mundo. Este progenitor real le es robado al hijo si todo vale en la paternidad, si uno de los progenitores piensa que su deseo es todo lo que hace falta para ser padre (o madre). Una parte de su historia le es robada al hijo. La mitad. El hijo deberá confrontar en su vida el no deseo, aparente, de uno de sus padres por él. Todo porque el otro padre dé más importancia a su deseo de ser padre que al deseo de su hijo: esto es, el deseo de tener dos progenitores o padres reales, biológicos, que se desearon el uno al otro, y de cuyo deseo, o amor, nació él. 

 

Todo, en pocas palabras, porque al otro padre no le importe el deseo de su hijo, únicamente el suyo.

 

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