La segunda oportunidad (2022), Mayim Bialik

La segunda oportunidad (2022), Mayim Bialik

EL NARCISISMO COMO CALLEJÓN SIN SALIDA

 

 

La película es un lamento por la dificultad de los hijos para despegarse del deseo narcisista de los padres, que quiere realizarse en ellos, y para constituir un yo propio, capaz de dar a luz sus deseos adultos, de cuya realización dependerá en gran medida su fortalecimiento yoico.

 

 

El padre de Aby está enfermo, se está acercando al final de su vida. Su madre tiende a depender de ella, no sólo para ayudarle con su padre, situación en la que es evidente que la necesita. Aby está divorciada desde hace un año, y a la vez que cría a sus dos hijos debe lidiar con su ex, un hombre bastante demandante también. Su hermano mayor, al que estuvo muy unida, ha renunciado a relacionarse con sus padres, y en gran medida con ella.

 

Uno pensaría, dada esta descripción de la faceta personal de su vida, que a Aby le haría falta un respiro, algo de ayuda quizá, tener algunas responsabilidades menos, o, por qué no, replantearse un poco las cosas. No parecería razonable que ella se tuviera que ocupar de tanto. Me gustaría detenerme a pensar, especialmente, la relación que Aby tiene con sus padres, en torno de la cual gira todo en la película. Quisiera echar algo de luz sobre la influencia que ésta tiene sobre su situación vital, y más en general sobre la ascendencia que las relaciones paterno filiales tienen sobre la capacidad de los hijos para pensar y vivir sus vidas, y complementariamente, sobre la dificultad de éstos, atravesada por su deseo más infantil, para independizarse de sus padres y vivir sus propias vidas.

 

El título original de la película, mas apropiado, en mi opinión, para describir su contenido, reza algo así como “Tal como nos hicieron”. Se refiere, como resulta obvio tras verla, al trabajo de los padres con sus hijos, en la crianza y la educación, y al resultado del mismo. Porque el discurso de la película tiene que ver, pienso, con el lamento por la dificultad de los hijos para despegarse del deseo narcisista de los padres, que quiere realizarse en ellos, y para constituir un yo propio, capaz de dar a luz sus deseos adultos, de cuya realización dependerá en gran medida su fortalecimiento yoico. Decía arriba que los hijos hacen, en parte, lo que desean. Aby no estaría, en este sentido, “sometida” a sus padres, como podría parecer. Quiero decir que ella participaría en el mismo juego de dependencia narcisista que ellos. Es una hija que desea estar donde está, a nivel de su inconsciente. No tanto de su yo consciente, quizá, como nos resulta evidente al ver su sufrimiento. Esto se ve claramente en las críticas que dirige a su hermano y a su madre, que denotan una percepción conflictiva de las cosas, cuanto menos. Ella no es (del todo) feliz haciendo lo que hace. Quisiera ocupare de sí misma, también. De su yo, de nuevo.

 

Los padres tienen sus propios deseos de paternidad (son diferentes para cada padre, quiero decir). Ser padre, o madre, no significa lo mismo en ningún caso. Si nos fijamos en los padres que tiene Aby, a través de sus ojos, veremos a una madre que no le da espacio a su hija, que, como ésta le dice, no le permite pensar en sí misma. Es una madre fálica, en términos psicoanalíticos. Como consecuencia de ello, Aby se ha convertido en una persona que escucha las demandas de los otros, por norma. Quiere, en resumidas cuentas, satisfacer al otro, ser su falo, lo que le completa. Es especialmente sorprendente como está dispuesta a satisfacer todas las demandas que le hace su ex, que en cuanto tal, o sea, como ex relación, es alguien a quién debería colocar en un lugar secundario en su lista de responsabilidades. Pero no parece ser capaz de hacerlo. La modalidad de relación materno filial que comentaba arriba la ha hecho así. Ella no puede pensar que el otro no puede imponerle sus deseos, y que los suyos deberían ir por delante, porque ni siquiera puede pensar cuál es su deseo, pues no hay espacio para éste en su mente, que esta completamente ocupada por el (deseo del) otro. El otro fue su madre, primero, y después todo el que repitiera el mismo modelo demandante (como su ex, que no debería pedirle a ella que se ocupara de organizar sus relaciones políticas, ese debería ser asunto suyo, pero lo hace porque sólo así se siente bien, o sea, completo, con falo incluido).

 

Pero los hijos se dejan atrapar en esas trampas, a veces. Es por la fantasía de vivir para siempre en un mundo perfecto, en un paraíso de comunión familiar que no se quieren perder. El hermano de Aby, por suerte (o por desgracia) para él, ha sabido renunciar a tiempo a esa fantasía. Y ha pagado por ello un alto precio, el ostracismo. No ha debido de resultarle nada fácil. A cambio de tener su vida, ha perdido a sus padres, que literalmente no quieren (o no quisieron, en el momento crítico) saber nada de él. ¿Fue egoísta por su parte desentenderse de ellos?, ¿es egoísmo querer una vida propia y a la vez ser aceptado? En torno a esta idea se juega el conflicto intergeneracional de la película. Daría la impresión de que los padres no pudieron aceptar a su hijo como era, que pretendiera vivir la relación con ellos a su modo. Esto es lo que muestra la escena de la ruptura, en la que él dice lo que piensa y es duramente reprendido por su padre. Entonces no ve otra salida que desaparecer. La relación con unos padres intolerantes se le hace imposible.

 

Aby, en cambio, lo vive de otro modo. Ella se queja a su hermano y le echa en cara haberla abandonado en un momento de necesidad, rechazando compartir su responsabilidad ¿Tiene razón en su crítica? Si nos identificamos con ella, que a su vez se identifica con sus padres, pensaremos que sí, pues ellos la han enseñado a pensar en sus padres, y no tanto en sí misma.  Así que nos resultaría lógico pensar que hay que ocuparse de ellos, como ella, y que no hacerlo sería incorrecto. Pero entonces estaríamos escuchando la voz de los padres, repito, que no expresaría otra cosa que sus razones y su deseo Si en cambio nos identificamos con su hermano, que intenta escucharse a sí mismo (esto no significa olvidar a sus padres, sólo ponerlos en una posición secundaria), entonces podremos pensar que no hay nada de malo en optar por negarle a Aby lo que pide, pues es justo que cada uno piense lo que quiera. Es lo que en psicoanálisis conocemos como “desidentificación”, proceso capital en la constitución del yo adulto.

 

No se acepta, desde esta óptica, que un hijo deba sacrificar su vida (su yo) por sus padres, como no lo acepta, en el fondo, la propia Aby. Y menos aún que estos censuren a sus hijos por vivir su vida, o por pensar cosas diferentes, simplemente. Hablo de la dificultad para tolerar la diferencia, para relacionarse con el otro en cuanto diferente, dificultad que quizá Aby comparte con sus padres, pues queda atrapada, durante gran parte de su vida, junto a ellos sin poderse permitir cuestionarlos, poniendo su vida en espera, por así decirlo, siendo incapaz de pensar otro modo de gestionar las relaciones paterno filiales, como hiciera su hermano. Es, en otras palabras, la dificultad de renunciar al deseo narcisista de que todo sea posible, la dificultad de renunciar a la omnipotencia infantil, que coloca al hijo en una posición indiferenciada respecto de los padres,  fusional, satisfaciendo al niño, feliz en el nido, el paraíso, como es evidente, pero colocando al adulto en un callejón sin salida.

 

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