Ginny y Georgia (2021), Sarah Lampert

Ginny y Georgia (2021), Sarah Lampert

TRATADO CONTRA LOS PADRES

 

 

Es propia de la adolescencia la necesidad de independizarse, de adquirir una entidad y una identidad propias, para lo cual la construcción de ideas y valores (distintos de los de los padres) es fundamental.

 

 

Cuando uno ve estas historias donde los hijos pretenden corregir a los padres, señalarles todos sus errores, como si supieran algo que ellos no saben, puede pensar por un momento que esos hijos tienen toda la razón y todo el derecho de hacerlo. ¿Quién no empatiza con eso? ¿Acaso nuestros padres no se equivocaron también? Y es que seguramente lo hicieron. Pero, ¿es esa realmente la cuestión?, ¿es de eso de lo que van esas historias, como la de Ginny y Georgia? Yo no lo creo, porque si todos los padres se equivocan, entonces los hijos también lo harán cuando sean padres. A lo mejor, entonces, solo es que las cosas son así.

 

¿De qué va esta serie, entonces? ¿Qué la hace interesante? No, en mi opinión, el moralismo adolescente de Ginny, o su cruzada por emanciparse de su madre, si los entendemos como manifestaciones de una lucha contra la injusticia. Ni tanto menos su feminismo ni su defensa de los derechos de los negros. No, porque me parece que lo que esta serie cuenta es muy poco exportable, a veces, fuera de EE UU. Me refiero a que más allá de la natural queja de Ginny por la incomprensión de sus padres, que sí es universal, hay algo aquí que es puramente estadounidense. Es esa necesidad de la que hablaba antes, de corregirles realmente, o sea, en la realidad. Es una fantasía que se ve mucho en el cine de ahí, que responde a la costumbre de regular la vida en exceso. Es un moralismo muy estadounidense. Podemos entender esa fantasía adolescente, y entender a Ginny, teniendo a sus padres en cuenta: vemos a Georgia actuar sin tener realmente en cuenta a sus hijos, callando lo que debe ser dicho, o tomando decisiones arbitrarias. Es una madre no atravesada por la castración, en términos psicoanalíticos. Sin límites.

 

Es una condición propia de la adolescencia la de la necesidad de corregir a los padres, y de empezar a regularse autónomamente. No, como plantea estar serie, porque se pueda cumplir esa fantasía de que los padres están equivocados, sin embargo. Este sería un caso particular. Lo universal es, como decía, la necesidad de independizarse, de adquirir una entidad y una identidad propias, esto es, distintos de los de los padres. Para lo cual la construcción de ideas y valores propios es fundamental (en psicoanálisis se lo conoce como proceso de desidentificación). 

 

Más allá del discurso autóctono, que limita mucho el alcance de esta serie, lo que la hace un entretenimiento estupendo son sus actores y sus diálogos, cuando se ponen más frívolos, no tan serios (y errados). Brilla por encima de todos la actriz que interpreta a Georgia, un descubrimiento. Una especie de Julia Roberts que actúa bien. Y Maxine, un portento de expresividad. Los hombres son lo de menos en esta serie, no se les da verdadero peso. Una pena porque de ese modo se pierde el contrapunto necesario en toda historia para darle más profundidad a su discurso.

 

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