En la autopista (2019), Logan Marshall-Green

En la autopista (2019), Logan Marshall-Green

LA MIRADA NARCISIZANTE

 

 

Para adquirir una entidad que le sostenga, el ser humano debe ser narzisizado, esto es, mirado con deseo por sus cuidadores.

 

 

Russell ha pasado más de veinte años en prisión. Sufrió una sentencia extremadamente severa por la reincidencia en pequeños delitos. Al salir de la cárcel descubre que sus padres han muerto, así que no tiene familia, ni tampoco otras relaciones. Está sólo, y se muestra fundamentalmente como alguien introvertido e inseguro, casi indefenso. 

Al acabar su turno de trabajo en una cafetería, escucha ruido proveniente de un contenedor de basura, y allí encuentra a un bebé, dentro de una bolsa de deporte, con un papel que indica que el bebé “se llamaba Ella”. Russell decide rescatar al bebé, después de superar un momento de pánico. En lugar de recurrir a las autoridades decide encargarse él mismo de cuidarlo, aún sabiendo que está haciendo algo ilegal. En un momento de descuido, el bebé se le cae de la cama, y Russell le lleva al hospital. No ha ocurrido nada grave, pero a partir de ahí el bebé queda en manos de los servicios sociales.

Russell se dirige entonces a su casa materna, con instrucciones recibidas de su padre de recuperar el contenido de una caja de seguridad. Allí encuentra su herencia, junto con una nota en la que el padre se despide de él. Russell decide legar parte de esa herencia a Ella.

 

Cualquiera imaginaría, con una sinopsis como ésta, un terrible escenario de desamparo y miseria humanas, y ciertamente ese es un escenario que se encontrará aquí. Por fortuna, tal como lo explica la sinopsis, las tintas no se cargan en estos aspectos. No es ese, en mi opinión, el contenido que quiere desarrollar la película. Tras la desgarradora escena del descubrimiento, que sirve al fin de describir del modo más visceral la condición del propio Russell, un tipo como decía arriba indefenso, la historia va por otros derroteros. Le interesa principalmente describir el viaje de recuperación de Russell. O quizá habría que decir de constitución (“narcisización”, en términos psicoanalíticos).

 

Russell nos es descrito como alguien que no contesta cuando se le habla, o lo hace sólo con gestos o vocalizaciones casi inaudibles, que mira al suelo, que camina a tientas casi, con pequeños pasos inseguros. No da la impresión de ser un enfermo grave, como un autista, sino más bien alguien justamente desamparado, como un bebé sin su madre, como Ella. Acaba de pasar la mayor parte de su vida, casi toda su adultez, en la cárcel, lo cual por sí solo explicaría algunos rasgos de su carácter, como es obvio. Da la impresión, sin embargo, de que hay algo más, detrás de su actitud atemorizada. Él no es sólo desconfiado, parece actuar como si nadie debiera estar interesado en dirigirse a él, en mirarle siquiera. De modo que cuando alguien hace algo de eso, no puede tan siquiera pensar de otra manera, y actúa casi como si no se hubiera producido contacto alguno con el otro. Pareciera como si le hubieran enseñado a pensar que así fueran las cosas.

 

Parecería un milagro que alguien así hubiera conseguido sobrevivir, casi tanto como el hecho de que alguien hubiera rescatado a Ella. Porque a Ella la quisieron muerta, en gran medida. En la medida que habían escrito su nombre en pasado, al menos. Probablemente también la habían querido un poco, La habían deseado lo justo quizá para que ella quisiera sobrevivir, y llorara para que Russell la escuchara. Al propio Russell también debieron de quererle así. No sabemos nada de su madre, lo cual es muy significativo, pero sí de su padre, que le ha escrito un par de cartas que le han dado un futuro. A él y a Ella.

 

Ella, por su parte, también puede tener algo que ver en el futuro de Russell. Cuando éste la recoge y la cuida, ambos aprenden a mirarse de un modo especial. Russell la mira con compasión, al principio. Esa compasión que todos los seres desamparados pueden despertar, que se verá potenciada o inhibida según haya sido la experiencia de relación que uno haya tenido con el otro (con sus cuidadores). El descuido sufrido por Ella podría ser paralelo al de Russell. No sabemos quién acabará haciéndose cargo de ella, pero sí sabemos que alguien la ha salvado de la muerte, un “padre” como el del propio Russell, en la distancia. Y sabemos también que ha sufrido una gran pérdida. Una pérdida de las que endurecen, que lo alejan a uno de su compasión, de su conexión con el otro. Un mirada como la de Ella le podría conectar de nuevo con el otro. Es una mirada de socorro, que con los cuidados amorosos recibidos de Russell se convierte en mirada narcisizante, reflejo de la propia mirada del cuidador. Ella y Russell se están constituyendo así mutuamente como seres humanos capaces de vincularse con el otro, vinculándose primero entre sí. Es la mirada narcisizante del deseo materno.

 

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