El profesor (2011), Tony Kaye

El profesor (2011), Tony Kaye

MIEDO AL APEGO

 

 

Quizá este profesor no tuvo padre, y vivió con una madre frágil, probablemente abrumadora, desamparado el niño en el mismo nacimiento. Incapaz en su adultez de ofrecer amparo a otros, con miedo al apego, a ser abandonado nuevamente.  

 

 

A este profesor sustituto todo el mundo le pregunta si no le gustaría quedarse, tener un puesto fijo, estable, y así también unas relaciones personales y profesionales duraderas. Parece evidente que la respuesta es que no, que él escoge ser sustituto, que lo prefiere. Yo no sé cómo funciona este proceso de sustituciones en EE UU, pero deduzco por lo que veo en la película que existe una cantidad de profesores que se apunta en una lista de sustitutos, y así va cambiando de trabajo, mientras que otros buscarán otro modo de trabajar, más estable. No entiendo el sentido de esto, se me escapa por completo, pero en el caso del profesor Barthes es comprensible. Él no quiere nada de todo aquello que para otros parece importante, relaciones a las que apegarse… que le podrían hacer daño, si las perdiera. Más abajo explicaré por qué lo digo.

 

Adrien Brody hace aquí uno de sus dos grandes papeles, uno de esos papeles mayores con los que pocos actores cuentan en su currículum. El otro es el de El pianista, claro. Tendrá más, porque es un gran actor, pero no creo que sea en películas de esta talla.

 

Sobre el director se me ocurre decir que es una pena que no haga más cosas. Vista esta película, y acordándome de American History X, me resulta claro que es un superdotado (pienso que debe de ser el verdadero autor detrás de la última, que le “robaron”).

 

Gran película, que en mi opinión habla de lo difícil que es vivir (no sobrevivir, que es diferente), y a la vez de lo “fácil” que sería hacerlo si sólo los “responsables”, los adultos, los que deben educar y ayudar, estuvieran más capacitados para ejercer su función.

 

Pienso que este personaje huye del apego. Que por eso, al contrario de lo que he leído en algunas críticas, no ayuda de verdad a sus alumnos, sino que principalmente les abandona, en cuanto ha tendido un puente hacia ellos, tras un mes ganándose su confianza, cuando finalmente ellos se han abierto a él y han encontrado un poco de comprensión adulta (de un adulto, quiero decir) en él. Pienso que ese mes no basta, no es suficiente para ayudar de verdad. 

Es evidente que esa confianza él no se la puede seguir ganando, le viene grande la responsabilidad. No puede porque él quizá fue víctima de esa misma traición, de pequeño. La única persona en la que él confiaba (o quizá la única en el que él deseó confiar), su madre, le abandonó dejándole en una situación de indefensión y desamparo, a la vez que le “informó” con su acto de que los adultos tienen permitido renunciar a sus funciones, de que los padres pueden “dejar” de ser padres si no pueden más. Esto es precisamente lo que hace él, como profesor y como adulto, con todos aquellos a los que se entrega, en un primer momento, para después renunciar. Él “renuncia” después de un mes, o tras unos días de cuidado parental, como en el caso de la prostituta adolescente a la que acoge. Prefiere dejar a ser dejado.

 

Una breve nota sobre el padre de este “fugitivo”: ¿qué decir de él? No aparece. Quizá se fue y le dejó en la compañía de una madre frágil, probablemente abrumadora, desamparado el niño en el mismo nacimiento. Incapaz en su adultez de ofrecer amparo a otros, el amparo de la función paterna, en términos psicoanalíticos.  

 

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