Comanchería (2016), David Mackenzie

Comanchería (2016), David Mackenzie

EL LEGADO EDÍPICO

 

 

En el origen de los crímenes cometidos por estos dos hermanos hay una culpa que se remonta a otro crimen, mucho peor, el (deseo de) parricidio, que busca ser pagado con la cárcel que ahora les espera. 

 

 

Toby no tiene dinero para conservar la endeudada finca familiar, donde, paradójicamente, se sabe que hay petróleo. Para juntar la suma debida antes de que expire el plazo de pago de una hipoteca y se pierda definitivamente, Toby ha planeado una serie de robos a las sucursales del banco que tiene esa hipoteca. Él sólo quiere saldar su deuda, no quiere robar un dólar de más. Su objetivo final es dejar la finca en herencia a sus hijos, a los que ve poco desde que se separó de su mujer. Tampoco tiene pensado librarse de la cárcel. 

Su hermano mayor, Tanner, un delincuente recién salido de prisión, está dispuesto a ayudarle, incluso a inmolarse para que Toby quede libre de culpa. Cuando eran jóvenes Tanner mató a su padre defendiéndose, y defendiendo a su familia, de paso, de sus palizas.

 

Es el (deseo de) parricidio como origen de la culpa que hay que expiar con el crimen. Por medio, por ejemplo, del castigo de la cárcel. Estos dos hermanos, cada uno a su manera, ejemplifican el tipo de carácter de aquellos individuos que, según Freud, delinquen por sentimiento de culpa. El crimen actual (como los robos de la película), vendría precedido de otro crimen, uno terrible, y terriblemente culpabilizador, de cuya sombra el individuo intentaría librarse cometiendo un segundo delito, éste mucho menos grave, por el cual estaría dispuesto a cumplir condena, una condena mucho menor que la que se recibiría por el primero. Éste sería el beneficio de delinquir, para estos individuos. Los cuales, por supuesto, nunca acabarían de pagar su deuda de este modo “tramposo".

 

Tanto uno como otro hijos fueron maltratados, rivales para el padre, más que fruto del deseo de paternidad de un hombre, probablemente. Ni el uno ni el otro pudieron, así, establecer un buen vínculo de amor con el padre. Toda su dinámica familiar debió de vivirse como la polarización entre el odio al padre y el amor a la madre. El Edipo simple freudiano. 

 

La finca es el legado materno, y a la vez símbolo de la relación de los hijos con su madre, y su conservación una victoria de estos frente al padre. Es la realización del Edipo, con toda la culpa que ello conlleva, dada la ubicación de los hijos dentro de la Ley del Padre, en términos psicoanalíticos. Porque violar esa Ley no significa necesariamente vivir al margen de ella. Puede significar, como en este caso, una relación confusa con ella. La confusión debida a la pobre relación con el padre, que impide la identificación con él (con el Ideal del yo, herencia paterna, concretamente), privando a los hijos de un referente “legal”, esto es, de un orden acorde con la Ley. Ley cuya función esencial es organizar las relaciones en general, y las familiares, con la madre y el padre, en particular. Marcar los límites que separen a cada individuo de los otros, dándole a cada uno su lugar particular y, así, un sentido claro de la vida.

 

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