Christopher Robin (2018), Marc Forster

Christopher Robin (2018), Marc Forster

LA INFANCIA OLVIDADA

 

El reencuentro de Christopher Robin del osito de peluche de su niñez es una metáfora del reencuentro del adulto de su infancia reprimida.

 

De pequeño, Christopher Robin jugaba con sus peluches. Era un niño con mucha imaginación, que se inventaba historias para divertirse. Como cualquier niño. El internado supuso el fin de su infancia. Allí se convirtió en una persona seria. Como debía ser, al parecer. 

Muchos años después, casado y con una hija que está a punto de abandonar su propia infancia, aquel niño ahora convertido en un responsable directivo de empresa se reencuentra accidentalmente con su antiguo oso de peluche, y entonces…


Como ciertas cosas no ocurren porque sí, tal como ocurren los accidentes, vamos a suponer que lo que ha precipitado los acontecimientos de esta historia es algún motivo “oculto”. Supondremos que han ocurrido por alguna razón, desconocida pero real. Es así como procedemos en cualquier nuevo tratamiento psicoanalítico.

 

Miremos a Christopher Robin como a un paciente, pues. La pregunta aquí sería, ¿por qué reencontró este paciente a su antiguo osito? Hay que aclarar que no nos importan los motivos reales tanto como los metafóricos, pues como es evidente esta historia, y las historias de otros pacientes, son sólo “películas”, sus películas. En la realidad un encuentro puede ser sólo un encuentro, perfectamente accidental, carente de sentido, en otras palabras. Pero a nosotros nos interesa entender las metáforas (o, de nuevo, películas), porque tras ellas hallamos sentidos, indicios para entender al paciente.

 

Y ¿cuál sería la metáfora del reencuentro del osito? Si nos atenemos a la idea de que algunas cosas le ocurren a las personas por razones quizá ocultas, ¿cuáles serían esas razones aquí? Por norma esas razones son la ocurrencia en el momento presente de algo significativo en lo personal. Veamos si es así para nuestro personaje. 

Lo que a mí me parece más relevante de lo que está viviendo él es el paso de la niñez a la adultez de su hija. La maduración es un proceso complejo, con sus dificultades, su coste, que aquí sin embargo se nos muestra como algo más bien “traumático”. A la hija del protagonista se la ve afectada. Abrumada, mejor dicho. ¿Será porque su proceso se esté dando de forma inadecuada, quizá demasiado brusca, sin consideración alguna de los adultos por la dificultad con que la niña lo está viviendo? Porque parece que a esa niña se le exige que madure sola, incluso que lo haga en silencio, sin crear dificultades, tan es así que parece que los padres (el padre, sobre todo) se desentienden, se alejan de ella, para no escucharla. Pero siendo como es ese un proceso extremadamente difícil para un niño, que requeriría de mucha ayuda y comprensión, se entiende que llevado así resulte traumático, que deje profunda huella en ella… como la dejó en su padre. Atención aquí, porque llegamos a nuestra metáfora… 

Sabemos que Christopher Robin también se educó en un internado. Ambas historias, la de la hija y la del padre, discurren por lo tanto paralelas, íntimamente relacionadas. Y no podía ser de otro modo. Pensemos que un hombre, cuando se convierte en padre, es a la vez hijo, pues encuentra en su niñez, en el padre que deseó tener, al padre en que quisiera convertirse. En pocas palabras, para ser padre, ese hombre se convierte en hijo. Aquí, como vemos, el padre repite el modelo paterno con su hija, y a la vez lo sufre en sus carnes a través de ella.

 

La metáfora que buscábamos en la reaparición del osito era, entonces, la del reencuentro de la infancia “olvidada". Hecho que, como decía, es útil a la hora de ser padre. 

Cada padre experimenta su “paternofiliación” a su manera. Se diría que este padre, concretamente, la estaría viviendo tardíamente. No en la primera infancia de su hija, por tanto, sino en ese difícil momento de maduración que probablemente le tocó vivir a él también. La conexión entre ambas historias, la de la hija y la del padre, conexión que se produce en la mente del padre, es la que daría lugar a la aparición del osito metafórico, “recuerdo” que vuelve de su inconsciente, a donde fue mandado por el dolor, en la infancia. Dolor parecido al que vemos en su hija.

La recuperación de la infancia es útil también en el proceso de búsqueda de uno mismo. Concretamente, de los deseos resignados en la “maduración”. Sobre todo si, como en este caso, la maduración fue una imposición injusta, no acorde a la razón. Al niño que fue Christopher Robin se le exigió dejar su infancia atrás de forma drástica, lo cual no era posible sin pagar un alto precio, que era el de desconectar de sí mismo, para convertirse en un extraño, para sí mismo y para su familia (que siempre le está echando de menos, como si no estuviera). Era desconectar para dejar de sufrir, claro está. A costa de pagar un precio a la postre excesivo. 

 

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