Brainwashed: sex-camera-power (2022), Nina Menkes

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¿LA MIRADA MASCULINA?

 

¿Los hombres miran a las mujeres (de un modo especial) porque estas son, para ellos, objetos? Sí, para algunos lo son. Para algunas mujeres los hombres son objetos también. Es más, para algunas personas, todos los demás, los “otros”, son objetos. En otras palabras, no “existen”. Porque lo que no existe para estas personas es el concepto “otro”. Son los que en psicoanálisis se conocen como psicóticos. La psicosis es una estructura mental que se caracteriza, en pocas palabras, por la “ausencia” de contacto con la realidad.

¿Qué es eso que llamamos “realidad”, en este contexto? ¿Y cómo podemos decir que alguien ha perdido contacto con ella? “Realidad” sería, en una primera aproximación al concepto, aquello que está fuera de uno, que existe siempre y cuando uno lo pueda percibir. Desde esta óptica, uno sólo perdería ese contacto si sus sentidos le fallaran completamente, es decir, si perdiera toda capacidad sensorial. No es, por tanto, una aproximación útil para entender el concepto de realidad al que me estoy refiriendo, el que tiene que ver con la psicosis.

Esta tiene más que ver, como decía, con la no existencia del otro. La “realidad” a la que me refiero debe de tener que ver, entonces, con la de los “otros”. Son estos otros, dicho rápida y brevemente, “la realidad”. El que pierde contacto con esta realidad no ve a los otros. O mejor dicho, sí los ve, pero para él son “cosas”. Objetos. Ese contacto se perdería cuando faltara otro concepto, el del límite, lo que marca la separación entre el uno (el “yo”) y el otro, debida a la aparición interdictora de la Ley del Padre, personificada en ese hombre al que la madre desea y por tanto da un lugar, entre ella y su hijo. La ausencia de ese hombre (que representa al primer “otro”) es la ausencia del límite, y por tanto de contacto con el otro, o sea, con la realidad.

¿Son todos los hombres (cineastas) unos psicóticos?, ¿ya que, tal como defiende este documental, la mirada del cine es la mirada de los hombres, y estos miran a las mujeres como objetos? No parece una idea razonable. Sería más fácil entender, en mi opinión, la idea de que los hombres miran a las mujeres con deseo (y estas a ellos, me atrevería a decir también). Que las miran como “objetos de deseo”, que diría el psicoanálisis, de nuevo. Freud se refería, al usar esta expresión, al campo de las relaciones con los otros, por oposición con las que el sujeto tenía consigo mismo, de tipo narcisista (en referencia a Narciso, enamorado de sí mismo). La idea clave en dicha expresión era (y es) la de “relación”. Al decir que los hombres miran con deseo a las mujeres, estoy pensando concretamente, por tanto, en su deseo de relacionarse con ellas como personas, no como cosas (“objetos”, tal como lo entiende la directora de este documental). En este sentido, las personas no son cosas, como es obvio, pero si son objetos de deseo, tal como lo piensa el psicoanálisis. Para unos hipotéticos hombres psicóticos, las personas sí serían cosas.

Que algunos hombres del cine son psicóticos es una posibilidad, que todos lo sean no. Es más, incluso asumiendo una idea tan descabellada, u otra igual de descabellada, que sólo estos fueran así, y los de fuera del cine no, no podríamos evitar enterarnos de que a estos últimos también se les acusa de ello muy a menudo (de cosificar a las mujeres, quiero decir). Para mí está claro que no es éste el asunto. Es, de nuevo, que existe un deseo por las mujeres, en los hombres heterosexuales, y que estos las miran con deseo, o sea, que querrían relacionarse con ellas. Porque “deseo” es un concepto ligado estrechamente a la existencia del otro. Si el otro no existe para uno, no habrá deseo por él. Si existe, el otro no es una cosa, un objeto, es una persona.

¿A qué responde, entonces, esta percepción del género masculino por el femenino? ¿Se podría pensar, quizá, que a algunas mujeres (como la directora) no les gustara ser miradas? Quizás. En todo caso la idea sería menos rebuscada que esas teorías paranoides difíciles de defender, por ser tan extremas. Y es una pregunta que se me ha ocurrido a bote pronto, seguro que, a poco que lo intentara, pensaría otras. Es más, pienso que si me lo propusiera muy en serio, es muy posible que acabara encontrando que la cuestión era de lo más compleja. Mucho más, seguramente, que lo que ha pretendido hacernos ver la directora, para la que todo parece reducirse a que los hombres cosifican a las mujeres, que no las ven, esto es, como personas.

 

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