Beckham (2023), Fisher Stevens

Beckham (2023), Fisher Stevens

SER UNO MISMO COMO SENTIDO DE LA VIDA

 

Cuando el padre transmite sus propósitos al hijo, y éste los hace propios, el sentido de la vida para el hijo es realizar los propósitos del padre, no los propios.

 

David Beckham fue un importante jugador de fútbol inglés durante los años noventa y dos mil. Como figura mediática trascendió el mundo del fútbol para convertirse en icono mundial de belleza y estilo, en gran medida quizá debido a su relación con otra figura mediática, la cantante Victoria Adams. En su infancia, en cualquier caso, había sido educado por su padre para ser lo que a éste le hubiera gustado ser, un jugador de fútbol del Manchester United, el equipo de su vida, su mayor afición y su principal objeto de deseo, por encima probablemente de cualquier otro, incluidos su mujer y sus hijos.

¿Cómo habría sido la vida de Beckham, si su padre no hubiera proyectado sobre él sus propias aspiraciones (y de una forma tan determinante)? Imposible responder a esta pregunta. Sí podemos, de la mano de este documental, adentrarnos en el hogar materno de Beckham lo suficiente como para ver algunas consecuencias del ascendendiente del padre sobre el hijo.

Había en ese hogar un absoluto dominio de la figura paterna. Desde esta perspectiva, yo diría que David era, predominantemente, hijo de su padre. Y que su madre ocupaba un lugar de espectadora. Se la ve asistir a la formación de un jugador lo mismo que a nosotros, pues como comenta ella misma, su palabra no era realmente escuchada, en ese escenario. Así que sólo podía mirar. Ella señala que le parecía que su marido era demasiado exigente con su hijo, que no estaba teniendo en cuenta la edad del niño, esto es, su infancia. Aunque no lo diga, quizá piense que su hijo debería haber recibido una educación diferente.

¿Por qué una madre que parece consciente de estas cosas permitiría que su hijo fuera sometido a algo tan cuestionable? Me parece una pregunta importante. Responderla nos puede ayudar a comprender algo del ámbito de la paternidad en general, y de la formación de la personalidad en particular, más allá de la interpretación que se pueda hacer de la historia de Beckham. Reformulo la pregunta en términos ligeramente diferentes, para centrar el tema: ¿por qué una madre le “entrega” su hijo a otro, o deja que sea otro el que lo eduque? Esta madre, concretamente: quizá sabía lo que hacía o quizá no. Más probablemente no, pero: ¿qué pensó que estaba haciendo? Quizá pensó que hacía lo mejor, como la mayoría de los padres. Aquí me gustaría preguntarme si tendría otras razones, más allá de la consciencia.

Por ejemplo, el amor hacia su marido. Porque podríamos pensar que le quería mucho, si estaba dispuesta a “renunciar” a su hijo para “regalárselo” a su marido, si seguimos desarrollando esta hipótesis. Así le estaría brindando la oportunidad de “vivir” otra vida, su vida soñada, nada menos. Diríamos entonces que ella, como el marido, había tenido motivos egoístas que le importaron más que su hijo. Por terrible que esto pueda sonar, hay que tener en cuenta que esos motivos habrían sido inconscientes, y que por tanto no sólo habrían estado ocultos, sino que habrían tenido sus razones de ser igualmente ocultas. Los padres suelen pensar que hacen lo mejor para sus hijos, pero esto no significa que realmente puedan hacer lo mejor. Suelen hacer lo que pueden. Por alguna razón, esta mujer estaría dispuesta a ver las cosas como su marido, por amor, y en este escenario el hijo sería secundario.

No sería justo ignorar otros aspectos de ese escenario y de la historia en conjunto de Beckham. Si las cosas se hubieran dado de este modo, aún así habría que admirar el valioso el botín de logros conseguido por él gracias a esa educación tan particular recibida. ¿Cómo cuestionar su historia, cuando Beckham se acabó convirtiendo en un triunfador? Pero reconocido de antemano este hecho, de todos modos pienso que es legítimo plantearse algunas cosas menos felices. Todas las historias tienen aspectos lamentables, un lado oscuro, incluso las de éxito. En el caso que nos ocupa, es bastante evidente que el documental se recrea en el lado brillante de la historia, pero esquiva los aspectos más complejos y quizá problemáticos. No es que los ignore completamente, no sé si conscientemente o no.

Es verdad que el director hace apuntes del lado “oscuro" del personaje. No me refiero a anécdotas como el caso del supuesto lío extramatrimonial de Beckham, que aquí se menciona pero no se comenta. Pienso que la verdadera cara oculta de Beckham, esto es, el resultado de aquella educación recibida examinado en mayor profundidad, se ve mejor en otro tipo de detalles, más fugaces, aunque más reales también en esta descripción. Me refiero, por ejemplo, a su tema con la limpieza y el orden, que desde la óptica del psicoanálisis serían aspectos importantes del carácter, las denominadas formaciones reactivas. O sus rituales con la ropa, propios de la neurosis obsesiva (aunque no sólo, pues no hay que estar enfermo para manifestarlos). Diría que estos particulares están introducidos como curiosidades ligeras y divertidas del personaje, a modo de chistes. No son tomadas en serio. También está su obstinación, tan llamativa en el truculento episodio con Capello. Los señalo porque me parece que su historia es cuestionable, que detrás de los beneficios de su educación debe de haber perjuicios de consideración. ¿Como no iba a ser así, si pensamos que sus padres estaban más volcados en sí mismos, cada uno a su manera, que en su hijo?

Esas particularidades “patológicas” son el resultado de una educación, de una paternidad, en este sentido, menos saludable de lo que podría parecer, dados los oropeles con que quizá Beckham envuelve su vida. Un hijo es, ante todo, una tábula rasa. Cuando llega al mundo no sabe nada. Parece de sentido común, entonces, pensar que ante todo necesita ser atendido, cuidado, y después observado como individuo, esto es, como un otro al que hay que regalar una individualidad. Pienso que en este ejemplo de crianza falta algo de esto. Su padre crió a su hijo para ser algo que él quería que fuera, y en ningún momento le dio la libertad de elegir, pues había plantado en su mente una idea, “fútbol”, y había controlado su crecimiento férreamente. Bien es cierto que Beckham fue más que ese futbolista que formó su padre. Había algo más que fútbol en su cabeza. Pero ¿hasta qué punto se podría decir que el fútbol, eje de su vida infantil y adulta, es realmente “su” vida, su deseo?

No pienso que fuera la intención de Beckham hacer terapia cuando se prestó a dejarse entrevistar de este modo, por lo que aquellos signos de su carácter que decide mostrar no debían de ser prueba de nada, para él. Hacer una terapia psicológica es sólo una opción, o sea, una cuestión de deseo, en el fondo (las menos de las veces es algo inevitable). Como psicoanalista, uno acepta este hecho, e incluso el de que un paciente abandone su terapia cuando deja de tener dedeo de continuar, con independencia de su opinión profesional, o sea, de que piense que debería o no hacerlo. Es que la enfermedad psíquica tiene esta naturaleza, que no es tan insoportable como la física, ni tan evidente, por lo que a veces es fácil de ignorar. Por lo general, el individuo acepta toda mejoría en un tratamiento como suficiente. El dolor es el único signo que delata su problema, y cuando éste desaparece, o es menor, da por hecho que el problema ha desaparecido también. El funcionamiento del psiquismo en lo relativo a la enfermedad dificulta las cosas en cualquier proceso terapéutico de una cierta profundidad: le oculta la magnitud del problema al individuo para rebajar su sufrimiento, de manera automática. Es un mecanismo defensivo que ayuda desde dentro, en un primer tiempo, y cuando la ayuda externa llega no sabe “desconectarse” para dejar que ésta haga su trabajo. Es así que el paciente puede sentir que está “bien”, cuando a lo mejor su mente le está ocultando la verdad, o sea, que sigue habiendo un problema, en lo inconsciente.

El dolor psíquico presente se debe, en parte, a toda una historia de problemas que han sido ocultados en el inconsciente. Cuando algo ocurre en el presente, su efecto es el resultado combinado de más de un suceso, por tanto. Debido a ello, el individuo es vulnerable, cada uno más sensible a ciertos problemas presentes que a otros, dada una relación automática que se establece entre hechos presentes y pasados en su psique. Con la terapia, normalmente se busca remediar sólo lo presente, lo consciente. Lo otro, inconsciente, sólo raramente se tiene en cuenta. De ahí el abandono “precipitado” del proceso terapéutico. Dicho esto, no considero una locura pensar que una mejoría, por pequeña que sea, tiene valor en sí misma, y que un paciente tiene su parte de razón cuando decide abandonar un tratamiento porque se siente mejor, sin importarle problemas que él, a fin de cuentas, no ve. ¿Acaso no era ese el resultado que buscaba, esto es, sentirse mejor (no importa cuanto)?

No sería del todo incorrecto decir que Beckham hace “terapia” en el documental, de todos modos. Es probable que obtenga cierto grado de alivio al tratar temas dolorosos abiertamente, con un interlocutor como el director, e incluso con sus espectadores. Es sólo que no parece cuestionar lo que dice a cámara del modo como lo haría si lo dijera en una verdadera terapia. Parece que se desahoga, simplemente, que se libera de algunas cosas. ¿Cuáles? Esto sólo podemos conjeturarlo. Beckham no parece darles otro sentido que el superficial. Para él quizá su educación fue la mejor posible. Quizá sus rarezas no son más que curiosidades. Probablemente no les vea sentido alguno. Yo por mi parte pienso que detrás sí puede haber asuntos serios, cuyo conocimiento podría ayudar a entender cosas importantes del campo de la paternidad y de la educación.

Pienso que la anécdota más llamativa y útil para cuestionar su educación es la del episodio con Capello. El empeño de Beckham por permanecer donde no es querido, soportando un terrible e injusto maltrato durante semanas por parte de su entrenador, merece algunas consideraciones. Beckham hace de tripas corazón y se traga su dolor, no sabemos con qué propósito. Aparentemente quiere demostrarle algo al entrenador, y a fe que lo consigue, pues éste cambia de opinión y empieza a quererle. La obstinación de Beckham parecería, dada esta tesitura, un rasgo de carácter muy positivo. Y, sin duda, aprendido de su padre. Fue él quien le “enseñó” a perseverar: no permitía que su hijo descansara hasta que no estaba satisfecho con su rendimiento. La madre habría dicho que aquello era demasiado, pero por lo visto de nada habría servido. El caso es que tras esa demostración de determinación, la misma que tuvo su padre con él, Beckham consigue algo bastante admirable, y, sería de suponer, gratificante. Ahora, ¿era aquello lo que él buscaba, realmente? Lo que hace después nos hace dudarlo. Cuando su entrenador empieza a quererle Beckham decide que aquello no es razón suficiente para seguir con él.

¿Qué pretendía Beckham, pues, con su cabezonería? Una vez conseguido lo que se le negaba, ¿por qué lo rechaza? ¿Para qué tanto esfuerzo? Quizá pretendía demostrar algo, efectivamente, pero no lo que parecería más lógico. Quizá quería demostrarle a su entrenador que se equivocaba, como un fin en sí mismo. Sería una demostración de superioridad moral. El equipo, esto es, el fútbol, quedarían así en segundo plano. Sería una pena, pues realmente parece que a Beckham el fútbol le importa, y si, como él cuenta, triunfar en ese equipo era la conquista (personal) más grande, entonces su carácter le había hecho un flaco favor. Ese carácter forjado por el padre.

Y ¿a quién querría demostrarle algo Beckham, si no a ese padre autoritario, tan parecido, en cierta forma, a Capello? Su vida, visto así, sería la historia de la rivalidad con el padre. En esa historia, sus deseos serían secundarios, en el sentido que los deseos más personales (como el de jugar en el Real Madrid, que no era el equipo de su padre) se verían religados por el de ganar a su padre. El resultado seria que no podría independizarse realmente de él, que éste le seguiría imponiendo sus ideas en esa rivalidad encarnizada. La vida de Beckham se definiría en torno a la idea de demostrarle algo a su padre, en cada experiencia, siempre, como cuando practicaba ante su mirada hiperexigente en el patio de casa.

En la relación con su primer entrenador es posible entender la relación con su padre de forma nítida. Aquel lo acoge bajo su ala desde muy joven, es en más de un sentido un padre adoptivo. Pero no se puede ignorar una realidad “oculta” tras esta percepción parcial: es que un entrenador profesional lo único que quiere realmente es ganar. Con este fin le dedican esfuerzo a un jugador, esto es, para que contribuya a esa victoria. Sería ingenuo ver en esta figura un padre, por lo tanto. No me cabe duda, viendo el documental, de que Beckham debió de cometer un error así. Y acabó pagándolo caro. Cuando dejó de hacer lo que su entrenador quería, fue rechazado por él y expulsado del equipo sin ninguna contemplación paternal.

Pues bien, su padre, en cierta medida, también le usó para sus fines, le entrenó para que fuera lo que él quería, en lugar de limitarse a educarle como padre… para que pudiera hacer lo qué él se planteara. No pretendo decir con esto que no le quisiera como un padre, sólo opino que no se dio cuenta de que ser padre y ser entrenador deberían ser dos tareas separadas, de cuya mezcla, en este caso, salió como resultado que su hijo confundiera el sentido de la vida. Éste, en mi opinión, debería ser diferente para cada uno, único, en la medida que cada individuo lo es. Beckham difícilmente podía encontrar el suyo, dada la presencia en su cabeza de propósitos ajenos, concienzudamente colocados ahí. Eran los propósitos de su padre, los cuales Beckham claramente hizo propios, hasta el punto de condicionar, quizá, todas sus elecciones. En algo de esto no fue un niño especial, pues todo niño persigue hacer que su padre se sienta orgulloso haciéndole caso, o haciendo lo que piensa que su padre esperaría de él: si lo conseguirá realizando los deseos de ese padre o los suyos propios es la diferencia que determinará, en mi opinión, que llegue a ser él mismo o no. 

 

0
Feed
© 2024 Cine al Diván Todos los derechos reservados
Producido por BeeDIGITAL