Batman vuelve (1992), Tim Burton

Batman vuelve (1992), Tim Burton

UNA MONSTRUOSIDAD INEVITABLE

 

 

     Batman es un perverso, esto es, un individuo que “se niega” a aceptar los límites, la ley externa. El Pingüino y Catwoman son freaks, marginados: hijos no deseados, sin derecho a la existencia.

 

 

Antes de la fábrica de superhéroes Marvel fue el Batman de Tim Burton, y después del más convencional primer Batman de Burton fue "su" auténtico Batman, éste que vuelve. Si es que se puede decir de verdad que hay algo de convencional en algo de lo que hace Burton. Pero creo que es innegable que esta película puede colocarse sin dificultad al lado de sus obras más personales y conseguidas, como Eduardo Manostijeras o Ed Wood. A mí personalmente me gusta más, porque ofrece un abanico más amplio de contenidos que aquellas.

 

Es una historia de superhéroes, en la que Batman, el supuesto héroe, es un personaje secundario. Parece claro que a Burton no le interesa demasiado el tipo. En cierto modo se puede entender, si para él Batman representa el “orden”, y el orden es más aburrido que el caos. Pero pienso que es una pena, porque de ser así, Burton se estaría perdiendo algo del sentido del personaje, y el alcance de la película se resiente por ello. Aunque es claro que Batman es un representante del orden es indiscutible que a la vez es, en el fondo, ejemplo de caos. En pocas palabras es más complejo que sus antagonistas, como personaje.

 

Por un lado, destaca en la personalidad de Batman un código de conducta estricto, debido a un superyó vigilante que le señala las transgresiones de los otros (¿reflejo de las propias, inconscientes, quizá?) como si fuera un alarma. El icónico murciélago sería una de sus caras. En parte una manifestación fóbica, en parte animal totémico, en ambos casos símbolo paterno (esto es, de autoridad), según la teoría freudiana.

 

Por otro parte, como vigilante, Batman representa la negativa a aceptar la ley externa, esa ley a la que el individuo se somete para ingresar en la cultura, en sentido psicoanalítico. Su estricto código es enteramente subjetivo, no sujeto por la Ley del Padre. Es perverso, siempre desde esta teoría, en cuanto reniega de esa Ley, que es también la castración, en la terminología de Freud. Ser Batman sería, en este sentido, negarse a aceptar que no se puede controlar la realidad, que ésta no se pliega a la voluntad de uno, tal como se pensó en la infancia (desde el llamado por Freud pensamiento mágico infantil).

 

Burton otorga mayor protagonismo a los villanos, espectacularmente tarados, que a Batman. No es que éste no tenga sus taras, como decía, pues para hacer lo que hace debe de estar en un lugar oscuro él también. Es que las suyas parecen aburrir a Burton. De nuevo, ¿lo verá como al plasta que se opone al “divertido” caos?, ¿ignorando así que estos personajes son, en el fondo, los lados de una misma moneda, la omnipotencia infantil? El Pingüino es, para Burton, el verdadero héroe trágico de la historia. Es su aventura la que estamos viendo, en el fondo, a partir de su nacimiento y el “desencuentro” con sus padres, cuando descubrimos que no es a él a quien ellos deseaban, sino evidentemente a alguien que les colmara. Es, en la onda de otros héroes burtonianos, un freak, o sea, un marginado. Catwoman también tiene algo de esto, aunque en mi opinión no representa tan claramente el ideario heroico del director, que probablemente por ser un hombre se identifica naturalmente con el Pingüino.

 

¿En qué medida tendría la marginalidad del Pingüino que ver con su aspecto, o sea, con lo superficial, y en qué medida con su forma de ser profunda? El Pingüino es un hombre herido y resentido. Su dolor es inimaginable. El rechazo de sus padres fue brutal, “monstruoso”. El monstruo en que él mismo se ha convertido debe de estar relacionado con esto, o sea, con una herencia de nacimiento, antes que con su aspecto. ¿Qué tipo de padres despreciaría a su hijo por su aspecto? Es la falta de límites la que dicta una actitud así, ante el otro que debería representar un bebé. Este bebé no sería ningún “otro”, sería sólo una cosa, cuyo valor se mediría por su capacidad para colmar a sus dueños. Esos padres querrían una cosa que les hiciera sentir plenos, no a un hijo. Nunca le habrían “querido”, dicho de otro modo, pues ya no le querrían en su fantasía, como hijo: para ellos, siempre habría ocupado el lugar de una cosa. La historia de estos freaks quizá no sea otra cosa, pues, que la historia de unos seres sin derecho a “existir”. Como los psicóticos.

 

0
Feed
© 2024 Cine al Diván Todos los derechos reservados
Producido por BeeDIGITAL