Armageddon time (2022), James Gray

Armageddon time (2022), James Gray

EL VERDADERO PADRE

 

 

     Padre es, en esencia, el que representa la función paterna, función de corte, pues al ser deseado por la madre puede interponerse entre ella y su hijo.

 

 

Paul es un niño que da problemas en casa, al que sus padres no pueden controlar, salvo por medio de la violencia. En clase con sus profesores es lo mismo, es un revoltoso que no presta atención y hace reír a sus compañeros a costa de ellos. Ésta sería una versión de la historia de Paul.

 

Otra sería que Paul se comporta como un niño pequeño que, empezando a hacer uso de su cuerpo, fuerza sus límites. Donde son los padres quienes enseñarían normalmente al niño cuáles son esos límites, Paul encuentra un padre pusilánime y una madre “enamorada” de su propio padre, a todos los efectos el único verdadero “padre” de esta historia.

 

La figura del padre es fundamental en la vida del niño. En psicoanálisis al padre se lo identifica con el límite. Esa es su función. Concretamente, él es el límite entre la madre y el hijo. La madre, al permitir que haya en su vida alguien que pueda robarle al hijo su protagonismo, bien que sólo temporalmente, como es lógico, da lugar a que ocurran dos cosas: una, que el hijo asuma que no es tan especial, en el sentido de que no lo es “todo” para ella, hecho de grávidas consecuencias. La principal, que el niño entre en contacto con las ideas de lo diferente y de la (propia) individualidad. Otra, que el hijo acepte a ese alguien elegido por la madre y le admire y rivalice con él (la ocurrencia de lo primero tendrá más que ver con la capacidad del padre elegido para darle a su hijo lo que éste necesita de él, además de ese espacio indispensable que automáticamente obtendrá al interponerse entre su madre y él, lo principal pero no lo único que podrá darle. Esto otro a lo que me refiero es una relación de confianza).

 

De todo esto se puede deducir que “padre” no es necesariamente una persona predeterminada, como por ejemplo el padre biológico. Ni siquiera tendrá por qué ser el hombre que convive con la madre, tal como se ve en esta película. “Padre” es aquel hombre señalado por el deseo de la madre, elegido por ella para compartir la crianza y colocado en una posición de privilegio sólo “amenazada” por la del hijo (es que padre e hijo son rivales, por la atención de la madre). Pero es, en esencia, el que representa la función paterna, función de corte, que al ser deseado por la madre puede interponerse entre ella y su hijo.

 

La madre de Paul elige (inconscientemente) a su propio padre para ocupar ese lugar. Esto se ve claramente en la película en la escena de la cena familiar. Es su abuelo quien toma la palabra para decirle a Paul lo que debe hacer, autorizado por su hija. Justo antes de ese momento hemos presenciado la incapacidad de su padre para hacer lo mismo. De hecho, nadie puede decirle a Paul lo que debe hacer, la mayoría de las veces. Es, en términos psicoanalíticos, un hijo no atravesado por la Ley del Padre. Paul no acepta esa Ley, pues en realidad no hay un representante claro (y respetado) de ella en su vida. Su abuelo lo es sólo veladamente; si su madre lo escogió inconscientemente, sobre la mesa no lo es.

 

No es que Paul no quiera obedecer, sin más, por pura rebeldía. Es que él fuerza los límites, como decía arriba, para descubrirlos. Él, a la vez, desea tener límites. Vemos que, cuando alguien le escucha, él tiene ciertas inquietudes que compartir. Son inquietudes que, en su mayoría, tienen que ver con los límites. O sea, con el (correcto) funcionamiento de las cosas. Vemos ejemplos varios de esto en la película. Hay una conversación que mantiene con una profesora en el colegio. La conversación versa sobre su adaptación al nuevo centro, concretamente sobre su preocupación sobre qué debe hacer para encajar. De nuevo estamos a vueltas con los límites, con el orden de las cosas. Con el abuelo mantiene varias conversaciones de este estilo, prueba de la importancia superior de esta relación para él. Destaca aquella en que le explica como debe comportarse con un amigo que le necesita. La constancia de la presencia del abuelo como interlocutor le enseña a Paul que puede confiar en él en esa calidad. Se entiende que por eso le hace caso. En otras palabras, por eso le sirve como padre.

 

Pero, como decía antes, el abuelo no es EL padre. Paul sabe distinguir esto porque es algo objetivo para él (“simbólico”, sería la palabra psicoanalítica). Nadie lo ha puesto explícitamente en duda. Implícitamente, sí, cada vez que la madre le ha pedido a su padre que hable con él, en lugar de pedírselo al marido, verdadero “padre”. En esos momentos la madre se ha equivocado, pues no ha hecho lo lógico. Ella tampoco está correctamente atravesada por la Ley, entonces. Es por esto que Paul, aún en el mejor de los casos, tenderá a hacer lo que a él le parezca mejor en cada momento. No en función de la Ley, esto es, sino de su propia ley (de su propio deseo irrestricto, por tanto). Así me parece que nos lo muestra esa escena final en que decide abandonar el instituto, dando a entender que ha decidido que ese no es su lugar. De ser esto último cierto, es decir, si realmente ese no fuera su lugar, él debería poder pensarlo y hablarlo con sus padres (cosa que como se ve no es una opción). Lo erróneo sería tomar una decisión unilateral, siendo un menor que aún debería someterse al criterio de sus padres, bien que pudiendo discutir sus ideas con ellos. Obviamente, dado que esos padres son “malos” padres, que carecen de criterio para aplicar los límites más adecuados, resulta absurdo cuestionar a Paul, que no hace en el fondo sino lo que le han enseñado, o sea, más o menos lo que le da la gana.

 

La falta de un padre adecuado es la razón detrás de todos estos problemas que tiene Paul con los límites. A veces se manifiestan en casa, con sus padres, a veces en el colegio con los profesores, y es lógico que se acaben produciendo también en relación con la ley externa, la institucional.

 

No hay, en este sentido, mejor padre que el biológico, especialmente si éste es el elegido (y deseado) por la madre. Ningún otro puede aportarle tanto a un hijo. Mejor dicho, hay cosas que sólo éste puede aportarle. Es una, básicamente, pero de tan enorme importancia que afecta a casi todo, en la vida del hijo. Es que sólo él pudo concebirle junto a la madre, con su deseo. Sólo él podrá trasmitirle, al estar en esa posición, esa idea tan exacta de límite. La idea de que él es su padre porque es el único que podía serlo. Idea cuyo contrapunto sería que no siempre es posible ser padre, de que no todo es posible.

 

Quizá sólo aquel que pueda concebir debería ser padre. Es una idea difícil de aceptar, lógicamente, porque la paternidad está determinada por el deseo al igual que todas las demás opciones en la vida de los seres humanos. Estos, como nos lo muestra la historia de Paul, sólo renuncian a esos deseos si se les enseñan los límites. De otro modo, lo quieren todo y hacen lo que les da la gana para conseguirlo. Es así como rechazan la comida preparada por la madre y se piden su propia comida por teléfono, como hace Paul en aquella reunión familiar, sin ninguna contemplación por nada más que su propio deseo.

 

Huelga decir que al plantear que debería haber límites también a la paternidad no estoy pensando en todos aquellos padres adoptivos que se han ocupado de criar hijos que no tenían padres propios, que como es obvio necesitaban a esos padres y los encontraron.

 

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